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24 de febrero de 2010

¿cómo se hará uno escritor? o relato sobre el buen ejemplo

hace algunas semanas leí una noticia que me llenó de envidia, sí, aunque esté mal declarar sentimiento tan vergonzoso así abiertamente; más cuando la envidia la causa un ser que nos es completamente extraño, pues, muy probablemente la envidia que nos carcome a distancia es infundada. a pesar de lo anterior y mis reservas, la historia es la de un español, más o menos joven, que quería escribir, y supongo, como muchos de los que intentamos estar en eso, no tenía manera ni forma de hacerse publicar en papel. así que decidió arrancar un blog y promocionarlo en otros de los más leídos en españa. en éste, su blog, iría escribiendo el solo.

empezó, supongo, con un par de lectores… –y la historia es corta– terminó siendo uno de los blogs más visitados en todo el país. ¿qué fue lo que hizo? simple y brillante, empezó a escribir su novela por entregas. (ignoramos si tenía ya la novela escrita sin quien la publicara y sólo la fue subdividiendo en entregas electrónicas, o si literalmente la fue haciendo en entregas. si esto cambia en algo para ti también la sinceridad del proceso. –una vez más, pura envidia–)

la historia completa del éxito facil, ahora publicada en un diario internacional, explica que en no muchos meses su audiencia creció a tal grado y su novela racionada tuvo tanto éxito que una editorial de renombre ofreció publicarla en papel. cuando leí la nota estaba a unos días de lanzarse a las principales librerías españolas; claro, con miras próximas a la venta internacional. (yo si la veo, no la voy a comprar; la envidia me lo impediría, por supuesto.)

y así, sin necesidad de pedir innumerables becas, tocar puertas y atosigar conocidos con sano juicio y mejor gusto sobre la calidad del material que viene uno acumulando con la idea de que en el proceso –sin duda– se está forjando como escritor; y que es cosa de tiempo solamente en que el asunto llegue a la portada avalada, que este españolito bastante joven (creo que unos 5 años mayor que yo) logró hacer leer su novela por los lectors adecuados y muchos muchos otros, hasta conseguir su publicación y con ello, el anhelado designio de ser reconocido ‘escritor’.

unas semanas antes de envidiar esta realto biográfico del otro, había yo empezado un blog, chiquito y absolutamente personal, donde vengo tratando desde entonces los asuntos que, sobre la memoria, explican mis olvidos. hace unos días que empecé a transformar eso en mi segunda novela (la primera no ha salido a la luz pues no ha encontrado cierre, ni creo que lo encuentre en esta etapa, será después… ya que logre publicar este bolg.) de tal forma ha sido que llevo saboreando el ansia golosa de la espera, de la pasión por entregas; el exquisito sabor de la dilación… ‘la novela por entregas’ ¡ah, que maravilla de formato decimonónico en el más puro deleite romántico! es la entrega en pausas, es la necesidad conformada, es la reafirmante compensación al tiempo y la paciencia obligada. es hacer que tu público espere, y en la espera se deleite con el qué pasará… de tal manera que en este arrebatado e íntimo proceso en el que me encuentro (íntimo pues no he hecho público mi blog salvo a dos o tres personas que, creo, lo leen poco) pero volviendo, en este proceso delicioso que estoy experimentando, encuentro que el gran logro del español no fue publicar al final y de golpe todo ese trabajo de semanas y meses para entrar a las cotizadas filas de los autores publicados; no. su gran aportación a la lectura contemporánea fue rescatar la novela por entregas y al hacerlo, vencer la volatilidad de su propio medio. la red y su inmediatez dejó de ser, en el transcurso de su propio proceso creativo y del armado narrativo de sus lectores, un mero encuentro sin restricciones; voracidad mal habida como lo es. obscena, como es. el españolito con su novela por entregas, venció la inmaterial temporalidad del medio electrónico en pausas con letras. letras que volvieron a tomar su peso ‘real’ (por considerar así su peso en papel, confieso sin vergüenza conservadora) en una pantalla, por el poder del tiempo que espera quien espera por tus ideas.

el españolito triunfó. y no. no debía de haber publicado. pues es muy probable que el éxito de su novela, la primeria, fuera –sobretodo– el control autoral sobre su temporalidad; el deseo puesto en marcha. pues una vez que se le entrega a uno en papel y todo de golpe, la cosa cambia, se pierde el control; y no porque el otro –en este caso el lector– gane el control que uno pierde como autor; no, el control del tiempo de entrega y seducción se pierde porque ya no importa. ya no es un acto entre pares de seducción entregada y a merced, leer la novela del españolito en papel; es una decisión unilateral por conveniencia, caprichos y horario, nada más.

¿y yo? yo quiero aun la incertidumbre de las entregas. generar necesidad.

yo sigo escribiendo, queriendo ser escritora, queriendo que algun día, me lean así, más de dos o tres, con esa ansia por encontrar una nueva entrada en mi blog. en mi ‘privadísimo’ blog. donde lo privado no responde a otra cosa que al miedo profundo. miedo a no vencer lo intrascendente de los millones que escriben sus ideas fantasiosas en un blog esquemáticamente personalizado que pocos leen y muy por encima cuando les sobran algunos minutos, nunca esperando el tiempo.

es sencillo, yo, como al principio el españolito, quiero hacer esperar al tiempo.


marcela quiroz / tijuana / 1974

¿bordar qué?

hay un aro para bordar. los hay de distintos diámetros, dependiendo de las pretensiones, entiendo, de quien se enfrenta a la aguja que entra y sale y entra y sale y vuelve a entrar. siempre vuelve a entrar. pero el aro. son de madera ligera, creo que le llaman madera balsa, por aquello de lo embarcable, de lo que se puede ir facil con el viento y con el agua, de lo que no tiene raíces ni piernas que lo aten al suelo. es la madera esta que no pesa, de color claro claro, como la de los palos de paleta. debe ser madera barata. los aros para bordar no cuestan mucho; y eso que no son nada más de madera. también tienen un mecanismo metálico con un alambre en espiral que soporta, sin duda, la presión que ejerce desde el centro y sobre todo el borde, la tela atrapada, tendida, tensada. para que no reviente la madera.

a pesar de ese pequeño andamiaje funcional, sencillo pero complejo en su bipolaridad, que tienen estos aros sobre el canto exterior, marcando con obligación la mitad del aro, a pesar de eso, no son caros. yo tengo uno apenas, chico, no pasa de los 10 cms. y, confieso, me aterra usarlo. es por lo de la imposibilidad. es por eso que te obliga a constreñirte a un solo pedazo de la tela y no salir de ahí, por horas… es pensar que me quedo. que me quedo así. por eso no lo uso. nomás no me atrevo a ponerlo en un circulito escogido del bordado. y es que ahora bordo.

bordo para pasar las horas. las horas de antes y las de después. las horas de las espalda.

pero el aro. es asunto suyo detenerte, volver a fijarte, volver a hilar y encontrar una y otra vez la imperfección de la puntada anterior, la posibiidad siempre incansable de mejorar el punto, de afinar el contorno. el aro es eso. tiempo detenido a fuerza de paciencia y ganas o neurosis por hacerlo mejor; de hacerlo con mucho cuidado. por eso no puedo. yo no bordo con mucho cuidado. al contrario, yo bordo en una especie de ansia, de frenesí por escapar, por hacer algo, por no hacer nada de nuevo y mil veces. nada. bordo para acelerar el instante, de acelerarse. bordo para tener las manos ocupadas, en habil empresa; como elegidas para mejor futuro y compromiso presente. bordo porque en cada puntada siento que avanzo un poquito, yo sola, y me alejo, un poquito, yo sola, de esto que me tiene dentro del aro. parada en medio, justo en medio, con las aguas calmas y la mirada limpia, viendo en redondo el mar. ya pasó la tormenta. solo el mar. el mar reposado, casi vencido. pero cuidado. el mar nunca se vence. sólo se cansa. y descansa. y vuelve a empezar. el mar nunca se queda dentro del aro. eso lo sé porque lo he visto y por eso me apuro. me apuro en el bordado y avanzo sobre las figuras inventadas para terminarlas, para terminarme en ellas, para tener algo que enseñar. bordar es hacer el intento visible. el intento en pasos y mostrar los pasos en cada puntada. bordar es querer tener consistencia, ritmo, tiempo interno y propio, autodirigido. disciplina. es hilar las propias ganas cuando el cuerpo siente todo el tiempo que, o se le escapan, o se mueren, secas, deshilvanadas, con las orillas hacia fuera, en recogimiento, en descomposición. arruga.

pueda ser que borde también porque tengo ahora estas puntadas en la espalda. pueda ser que lo que quiero es entender cómo es esa costura que no veo pues yo no la hice. y sí.

tengo la espalda bordada por alguien más. tengo las costuras de otro, tengo el tiempo de otro cosido en la espalda. tengo sus preocupaciones, su triunfo, su insistencia, su rechazo al fracaso. tengo en la espalda cosidos los puntos en carrera de alguien más. por eso bordo. y mientras lo hago siento esta profunda inquietud que me sale de adentro y mueve los dedos, uno, luego otro, en el sube y baja, en la penetración desalmada, en la extracción sádica, gozosa por haber transgredido, por cambiar el orden, por destruir la apariencia plana. es esa inquietud por destruir algo que se tiene enfrente, en apacible estado de contensión, para hacer otra cosa, lo que sea, que violente, aun en el mismo tono, aun cuando bordo velado. aun cuando lo hago en blanco sobre blanco con esa recurrencia que de sospecha no se atreve. aun entonces, lo que quieren las puntadas es no quedarse quietas. perforar. dibujar lo posible en la estática del presente. cambiar la estética del presente desde la ocupación propia. ya no escribo. estos días ya no escribo. ahora bordo.

tienen algo de silente reclamo las puntadas. calladas y engarzadas, una con otra con otra con otra con otra. visibles. bordar es hacer visible la angustia. pues resulta que siempre, por aterrador que resulte, lo visible tiene esa satisfacción única del develamiento, de la confesión descarnada en su hipocresía.

bordar es no decir nada y hacerlo de nuevo de nuevo y vuelta otra vez. tan irresisitible se vuelve. tan eficaz.

despuntar lo sensible. encontrarle sus fallas al ritmo. al latido. al desvelo. se trata de eso la insistencia de la aguja y los dedos. se trata de eso que no puede decirse ya ni con el lenguaje. menos con el lenguaje. apenas con el lenguaje. por eso hay que regalar lo que uno borda, porque está lleno de confesiones. sobretodo esas que tienen que ver con la inconformidad ante lo inmóvil. dicen que me operé para poder volver a moverme como antes. para ser ‘la de antes’, para tener fija la espalda y ya no fijarme. por eso bordo, para no fijarme. qué tal que ya no vuelvo a ser ‘la de antes’…

también lo hago para no sentir el dolor, y en vez de eso, de sentirlo, verlo. hacerlo enfrente, recuperar el gesto, entender lo que tengo en la espalda. destinar el cuidado. destinar. bordo en cada puntada la historia de mi espalda. es una historia larga, monótona incluso, es una historia parecida. sucedida en su apariencia, sólo en su contorno. pues hay algunos dolores de espalda, de nervios, de vértebras, de piernas y dedos; hay algunos dolores que no se ven, y se resisten también a las puntadas. por eso entiendo que me siga doliendo la operación y la historia. por eso que quiera dejar de decir. de explicar, de recordar cómo se dice lo que se siente dentro y que nadie ve. por eso mejor el delineado, la sutura, la cicatriz sensible en el recorrido del que admira; sobre los dedos, calladita pero constante. para seguir con los dedos… para que se diga a sí misma la historia desde los dedos. para que no tenga que contarla y en lugar de eso los dedos de otros despierten desde los puntos, sobre los hilos, hacia los extremos. para aprender a llevar las debilidades escritas sobre la piel, y hacerlo, con un mínimo de sustancia estética. me bordo. para aprender a resconstruir una historia desde los nudos.

eso para ellos. ¿pero yo? yo bordo para saber. para saber cómo se cierra la piel.


marcela quiroz luna / df / 1974

la vida en sus contornos

en uganda, las madres ceropositivas son instadas por organismos no gubernamentales para aprender a escribir y entonces hacer los que llaman, ‘libros de vida’. en ellos, y en el tiempo que les quede de vida, las mujeres enfermas escriben a sus hijos todo aquello que quisieran poder decirles en tiempo. tiempo que saben, al escribir, que no tendrán asegurado más allá de ese en el que escriben. el presente de la escritura. entonces, y con la distancia geográfica y temporal que me aparta de esas realidades y me permite el lujo de ‘pensar’ sobre ellas, me acuerdo de un desvelo hermenéutico que dice que la escritura, toda escritura en narrativa, es capaz de generar ‘horizontes de expectativa’ en el lector. ahora es que me ha hecho verdadero sentido tal designación.

pues resulta que los ‘libros de vida’ de estas mujeres condenadas a la muerte cercana y advertida, es precisamente lo que intentan ser para los hijos que dejan huérfanos: horizontes en los que siga habiendo expectativa, aun después de la muerte, después de la orfandad; después de la pérdida del contacto cercano. dicen que en esos libros escriben las mujeres algo de su historia personal, para que las conozcan, para que no las olviden; dicen que hablan también de momentos atesorados, actividades compartidas, hábitos, costumbres y tradiciones de la familia que está por desmembrarse; sé que también, especialmente, se piensan en consejos, como hacen las madres por cuidarlo a uno, por salvarle dolores, ahorrarle angustias; y siempre, he leído, estas madres agregan algunas fotografías. la mayoría de las imágenes retratan a la familia completa en sus espacios familiares entre poses asumidas para durar más que la propia presencia; para resistir la imposibilidad de convivencia. no es comun encontrar fotos de las mujeres solas; así que podamos entrever que lo que se preocupan en retratar son los lazos y no su individualidad en inminente desaparición. como si adivinaran de fondo las imposibilidades por esencia del medio fotográfico.

retratar relaciones. y es que hay que estar ciertos de que los lazos se mantendrán, aun sobre uno; sin uno. como la ciudad de calvino, esa que él llamaba ersilia, donde los habitantes tendían lazos de parentezco y relación en colores, de casa a casa, uniendo en la evidencia las historias individuales en la conformación de un entramado social común. y cuando pasaba el tiempo y los hilos ya eran tantos que hacían intrasitables los caminos, los habitantes de ersilia se mudaban a otro espacio, cercano y despejado, desde donde empezar de nuevo, retrazando vínculos, articulando un nuevo presente. dice calvino que con el tiempo, la región de la errante ersilia se veía desde lejos como pequeños cúmulos de hilvanados desiguales, complejos y caprichosos sobre construcciones ya vacías. quedando sobre el territorio los lazos, no las personas; las huellas entre las personas.

palabras. imágenes. ¿de eso se conformará un libro de vida?

la respuesta es trágica en su contundencia. no.

anticipo que estos libros son apenas intentos en visibilidad por no irse en blanco, por dejarle trampas al olvido. pues muchas de esas madres que mueren diariamente en el continente africano, dejan atrás niños menores de los 8 años; mentes en cuyas memorias apenas empiezan a conformarse los primeros recuerdos como estructuras capaces de soportar todo el peso venidero de la propia historia. memorias en ciernes necesitadas del soporte de la experiencia recurrente antes de tener que volverla recuerdo. memorias necesitadas de ser en sus propios momentos, antes de poder hilvanar entre los huecos, los momentos de la madre.

así que, me pregunto, si sucede como dicen los de las ong’s sobre estos libros, que ayudan sobretodo a las madres en el proceso de enfrentamiento y aceptación de la propia enfermedad que les conducirá con paso certero a la muerte. de ser así, como creo debe ser, estos ‘libros de vida’ viven su primer momento en el destierro, alimentados en la batalla final de una sustancia interna que hace por no perderse. la búsqueda del propio horizonte, ya sin expectativas. pues antes de trazar un horizonte ajeno, la búsqueda de límites definible empieza siempre en el propio entorno.

quizá sea que en el momento mismo de la escritura en el que se cree haber alcanzado el horizonte, o al menos su silueta, en ese momento en el que el estar-siendo confirma su propia concresión, es que las expectativas de uno –esas que el ser no alcanzó en el actuar del tiempo continuo– se proyectan con la promesa de mantenerse entre las frases, sobre las mismas ideas, como mantos. de ser así como sucede, pasaría lo de marguerite duras, cuando muy pronto en la vida se tiene ya la conciencia de que es demasiado tarde, y en ese momento se empieza a escribir. para proyectar.

y es seguro, o al menos me queda claro que, lo que de esas madres muertas quede en sus hijos capturado en forma de ‘libro de vida’, no va a ser lo escrito con tanto afán, ni la insistente contundencia de la imagen fotográfica rescatada, no; va a ser, en cambio, el momento-en-su-pasar. el rato de la escritura, el empeño en la letra clara y la palabra bien escrita lo que inunde un cuarto al abrir la tapa. será el tiempo pegado detrás de la imagen en el armado del libro; el paso de la página en su esfuerzo y la continuidad de las intenciones, y no en realidad, las letras que la llenan. será el tiempo de las letras, el tiempo entre letras, la ilusión del horizonte, la fe en la expectativa. es no estar muriendo y a la vez, como descubriera humilde villaurrutia, lo que quede en esos libros de invaluable sea ese triunfo tendido del ‘…estar muriendo en tu presencia’.


presencia reflejada y en su enfrenatmiento vencida: escribo porque me muero y mientras escriba, no.

pues resulta imposible saber qué es lo que se puede dejar y qué se va a perder en el olvido apenas uno desparezca, será que al menos quede el intento por trazar los contornos de la propia huella.


marcela quiroz luna / tj / 1974

¿cultura o economía?

“inglewood, california — la directora de una escuela, en un intento por evitar la deserción de alumnos durante las recientes marchas de inmigrantes, ordenó inadvertidamente un cierre de la escuela tan estricto que los niños no podían ir al baño y tuvieron que usar baldes de agua.

angie márquez, directora de la escuela primaria worthington, impuso las medidas el 27 de marzo mientras casi 40 mil alumnos a través del sur de california abandonaban las clases para asistir a actos en defensa de los inmigrantes ilegales.

según trascendió, márquez habría malinterpretado el manual de normas para el distrito escolar y ordenó una clausura total de actividades como la diseñada en caso de un ataque nuclear.”


a veces uno se pone a pensar cómo es que se ‘entienden’ los discursos cuando salen de contexto. normalmente, como en el caso de la profesora de la primaria worthington, se malentienden. a veces más, a veces menos. y es que a pesar de que uno crea que lo ‘glocal’ como condición de existencia inbrincada (siguiendo la fusión terminológica-territorial del escritor tijuanense, heriberto yépez), tiene posibilidades reales de entablar diálogos plurilingües, internacionales, interraciales, etc… no necesariamente asegura que el anzuelo que uno lanza cuando escribe caiga en aguas fértiles; como tampoco tranquiliza la sospecha de que esté uno, precisamente, mordiendo la carnada sin ver el anzuelo; o peor aun, creyendo que pesca cuando en realidad está siendo ‘pescado’.


tim brown, director de operaciones del distrito escolar, confirmó que algunos estudiantes se vieron obligados a hacer sus necesidades en baldes, pero consideró la orden de la directora “un error involuntario”. brown explicó al diario los angeles times que “cuando existe un ataque nuclear, se usan baldes” en lugar del baño. la directora “siguió el procedimiento” aconsejado. “ella tomó la decisión de seguir el manual. lo que ocurrió es que lo malinterpretó”.


ciertamente resulta en extremo preocupante tratar de entender cómo puede ser posible que la directora de una escuela primaria en eu pueda confundir una marcha civil no violenta con un ataque nuclear. aunque quizá, volviendo a lo del anzuelo, a juicio de esta ‘docente de la educación’, la amenaza del inmigrante indocumentado represente una amenaza similar para su país como pudiera serlo un ataque nuclear; de tal forma que cada uno de esos migrantes congregados representa simbólicamente, en potencia, el mismo peligro que una acumulación similar en cantidad de átomos altamente radiactivos. y es que esto debe andar en el aire dispuesto a explotar a la menor provocación en el país donde la política del terror es tanto imperante como imperativa desde que bush lanzó su lucha sin cuartel contra el terrorismo. de hecho, en varias de las marchas que se han venido sucediendo en distintas ciudades norteamericanas en meses pasados, precisamente, una de las consignas que levantan las voces es: “somos inmigrantes, no terroristas!”.


what is to be done?



nativo lópez, presidente de la asociación política mexicoamericana, como líder del boicot del 1 de mayo, advierte el paro de labores y de consumo de productos norteamericanos, como una especie de anticipo a sus gobernantes y sociedad de lo que sería el país vecino sin inmigrantes. curioso que haya que recordárselo a una sociedad alimentada y sustentada históricamente por una continuada mezcla interracial.

y sí, muy probablemente la única manera de hacer evidente y obligado el reconomiento a la fuerza cultural inmigrante –no sólo la fuerza obrera– sea afectando al economía. no olvidemos que la economía norteamericana en esta –repetida– administración va de la mano de la ‘amenaza terrorista’ y su motor bélico. que tal vez si resultemos, también, terroristas.

habrá que ver qué dice el senado para saber dónde quedan parados los proyectos culturales ‘binacionales’ que puedan plantearse a futuro. pues, curiosamente, el último ‘gran’ proyecto binacional méxico_eu que concluyó apenas hace unos meses, insite_05, plagado de irregularidades migratorias en su personal, de haberse llevado a cabo en estas fechas, probablemente hubiera sucumbido antes de tiempo por las redadas que empiezan ya a ‘castigar’ a las empresas de trabajadores inmigrantes en tierras norteamericanas que, en los últimos 2 días suman ya un total de detenidos cercano a los 1, 200 trabajadores ‘ilegales’. indocumentados que ahora enfrentan una fianza de 250, 000 dólares o la amenaza de pasar hasta 10 años en prisión, a pesar de que son esas mismas empresas ahora penalizadas, las que antes pagaban, como parte de sus costos operativos, multas designadas por contratación de ilegales; proveyéndoles, incluso, de papeles falsos a cambio de trabajo mal pagado.


algunos de los alumnos participantes en estas marchas de inmigrantes han sido suspendidos por faltar a clases. el estudiante anthony soltero se suicidó el 30 de marzo luego de ser convocado a la oficina del subdirector de su escuela, deanza, en california, por supuestamente asistir a una protesta contra los proyectos de ley que prevén endurecer la política de inmigración.


veamos entonces qué sucede después del 1 de mayo, ya luego hablamos de cultura y educación.


marcela quiroz luna / tijuana / 1974

cámaras en grúas o grúas con cámaras

el 23 de mayo del presente apareció publicada la siguiente nota en un diario de distribución nacional:

“grúas con cámaras de grabación integradas ya operan en la colonia roma y en el sector pantitlán, con el objetivo de registrar el trabajo de estos policías y de demostrar las faltas cometidas por la ciudadanía.”

yo por mi parte, acabo de concursar ingreso a un programa de doctorado en teoría del arte. supongo que es una forma parecida de monitoreo y registro el impulso por seguir en el medio académico.

“el secretario de seguridad pública, joel ortega cuevas informó que el objetivo de estos aditamentos no sólo es evitar la corrupción de grulleros, sino tener pruebas contundentes de que sí se cometió la falta para ingresar a un automóvil al corralón.”

desafortunadamente no puedo más que pensar que yo también, como los cuerpos policiacos mexicanos, quiero tener pruebas contundentes.

ahora, lo que no explican bien a bien en este programa de las ‘grúas en la era de la reproducción mecánica’, es si la grúa debe filmarlo a uno al momento de estacionarse en lugar prohibido, bajándose lo más rápido posible del coche como con ello queriendo reducir el tiempo de peligro-aire que lo lleve a uno al corralón; o si, por el contrario, la grúa hará un registro contextual del vehículo ya aparcado en el entorno prohibido, sumando en video la cantidad y calidad de material necesario para sustentar la imputación (antes avalada verbalmente por los oficiales en turno). la palabra ya no es nada.

en fin que hasta ahorita no se sabe si es ‘durante’ el acto o ‘ya cometida’ la fechoría vial, eso que se considerará ‘prueba contundente’ en los tribunales efectivos a la revisión de los casos estudiados. pues me imagino que tanto afán por reunir pruebas, abrir expedientes, revisar la jugada, etc.. etc.. debe anunciar veladamente que, acto seguido a esta primer medida de mayor control en las calles, se tenga previsto en las delegaciones la instauración inmediata de tribunales legales especializadísimos en casos exclusivos y particularísimos en los que, no quepa otra sansión más que el remolque. (o bien, las pruebas puedan dictar lo contrario; en cuyo caso peligre entonces el empleo del patrullero-grullero.)

yo por mi parte me recibí con honores de la mestría en estudios de arte hace 3 meses. y, no he preguntado mucho entre mis colegas, pero dudo que se tenga noticia de un interés tan continuado en lo sucesivo, por ingresar al siguiente grado académico con tanta inmediatez. entonces, y tras la lectura de esta escalofriante nueva medida de ‘seguridad’ en el df, me pregunto en qué estado del tiempo estaré yo, es decir: no se si estoy buscando a ‘mi sujeto’ en el momento en que va a estacionarse o si, lo tengo ya ‘estacionado’ y me dispongo a reunir el material contextual necesario para sustentar mi ‘solvencia’ académica. o si estoy en uno de los dos lados y entiendo que un doctorado es el camino necesario para llegar al otro.

en cualquiera de los casos quiero creer que mi actitud toda direccionada a continuar mi formación académica por los siguientes 4 o 5 años al menos, sabrá diferenciar una medida realmente necesaria de una inversión irrevocablemente estúpida.

pero si volvemos a la cuestión inicial en cuanto al caracter ‘demostrativo’ del implemento, es decir, qué hay que demostrarle a quién con todo esto, lo mismo que las cámaras en las grúas… aun se mantiene, un tanto ambiguo.



marcela quiroz luna / tj / 1974

estados de representación

hace algunas semanas me invitaron, entre otras cosas, a revisar portafolios en el último encuentro de fotoguanajuato. nunca antes había revisado portafolios ‘en toda forma’, digamos, en secuencia rotativa entre los demás revisores; con tiempo cronometrado; en el escenario de un teatro montado con decenas de mesas con manteles largos; una botella de agua, mi nombre impreso en un letrero visible a la distancia y guantes blancos. sí, antes había revisado portafolios en aulas universitarias al final de alguna clase, en bares y cafeterías a la media tarde, en casas de amigos a altas horas de la noche previo al cierre de alguna bienal, etc. pero no lo había hecho antes así, no en ‘toda forma’. ésta fue mi primera vez.

y he de confesar que fue una experiencia de lo más interesante. una primera vez que se extendió a manera de tour de force –durante 3 días seguidos por tres horas diarias por la tarde, recorrí en 15 minutos la incipiente vida artística fotográfica de varias docenas de creadores, en su mayoría jóvenes, algunos verdaderas promesas. innevitable resultaba, al caer la noche y después de la oleada de miradas inquisitivas, preguntas dichas y calladas, buenas y malas impresiones, nombres recordables o por completo olvidables, que saliera de ahí preguntándome… ‘y todo esto que les dije, les servirá de algo?’. así que, saliendo de ahí, ya en las inauguraciones y sin guantes blancos, a varios ‘revisados’, les preguntaba si efectivamente habían encontrado en mis comentarios algun atisbo de certeza, genialidad o al menos, sentido común. muchos dijeron que sí; algunos otros, afortunadamente entre mis favoritos, me han seguido buscando pasados los 15 reglamentarios.

tal ha sido el caso de javier cardenas tavizon. artista tapatío que no sólo avanza por el camino de la fotografía sino que, con inteligente intuición, está buscando conformar un cuerpo de obra interdisciplinar y retroalimentativo (de existir el término y la acción) entre el dibujo, la instalación, la animación y la intervención fotográfica, buscando las huellas de lo olvidado para hacer de ellas registro arqueológico de lo desaparecido del deseo y sus etapas. así ha sido que hemos entablado una interesante curaduría a distancia (él allá y yo en tijuana) que está por inaugurarse en el atrio, uno de los nuevos espacios de arte contemporáneo en la ciudad de guanajuato, para itinerar de vuelta, en unos meses, a guadalajara al museo raúl anguiano.

los estados de representación que involucra cárdenas en su trabajo atienden a diferentes destinos del lenguaje en tanto forma de poseer. magnificaciones visuales que activan un suceder en la imagen, sus obras atentan contra su propia existencia al sumar sobre su propia superficie las capas de su proceso; avanzando siempre, por uno y otro sendero, hacia la estética de la desaparición.

la conversión del mundo físico en objetos de conocimiento que pone en marcha la obra de cardenas, refleja a su vez el devenir del sentido de la memoria museográfica en tanto origen de la historia vuelta visible. en sus paisajes de artificiosa naturaleza existe un intento revertido sobre el impulso del gabinete renacentista: la dialéctica del universo contenido en una sala, en una caja, sobre distintos planos a ser recorridos, ahora, en el espacio humano. espécimen del mundo como el ‘otro’, la propuesta artística de javier cardenas es una fábrica de campos de observación que, acaso, anticipan la sustancia y densidad de ese ‘lugar de las cosas perdidas’ del que hablaba haruki murakami. ese sitio donde han estado siempre las cosas y su recuerdo, aun antes de ‘perderse’. lugar remoto donde, al parecer, lo desaparecido se va fundiendo en capas, una sobre otra, hasta conformar una única imagen.

así me imagino que deben funcionar también las revisiones de portafolios en la memoria formativa de quienes escuchan y ven su trabajo –producto de muchos o pocos años– desde los ojos de un ‘otro’ enguantado en blanco. apreciaciones ajenas que se van fundiendo unas sobre otras, en lapsos de 15 minutos, sobre una única imagen, la del artista sobre sí mismo. especie de narciso empalmado en el camino de su propia conformación, aun antes de ella, como el anhelado sitio perdido de murakami, e sitio de las siempre ‘primeras veces’ del que a veces, sólo a veces, un buen trabajo puesto sobre la mesa, nos recuerda las coordenadas.


marcela quiroz luna / tijuana / 1974

regresar… para?

el plan era hacer tres horas.

el plan no estaba pensado para ser devuelto. de haber sabido me hubiera ido por atrás. ya me habían dicho que estaba todo bloqueado.

me cuesta trabajo pensar en toda esa inmensa de historia avenida, muerta de agonía y siempre, un poco de vergüenza.

por eso nos fuimos por lerma; a ver si por ahí…

llegamos.

también estaba cerrado. …que hasta el siete de septiembre. ya ni porque era el sitac… pues qué no quieren público internacional?

todo se inauguró este mes, el 31, por eso mismo… ahorita han de estar todos de fiesta en fiesta, emborrachados, no borrachos, emborrachados.

regresé hoy muy temprano. no vaya a ser… mañana es el informe y seguro que no llegaba al benito juárez a la hora que fuera, de donde viniera.

estábamos sentadas, el trasvesti y yo, cuando se oye clarito por el estúpido altavoz… “tenemos que regresar, nos dieron mal el plan de vuelo. gracias por su comprensión.”

regresar al df? el mismo 31? nomás para cargar combustible y sin pisar ni una exposición? pero si apenas estábamos despegando!

‘ya sería cosa de quedarnos al informe’, pensé decirle a patricia. (supe su nombre al segundo despuegue) ya eramos amigas.

es más facil hacer amigos cuando se comparte un problema ajeno por remoto que parezca una vuelta en ‘u’ al vuelo; ya casi como no poder cruzar reforma, o no llegar a tijuana en tres horas-directo. es mucho más difícil hacer amigos en los simposios de arte contemporáneo.

a poco no?


marcela quiroz luna / tijuana / 1974

l’objet-trouvé

(sobre el abismo de ausencia de vida yovanovich)


escucho cómo se pone en marcha su memoria,
cómo aprehende formas huecas
que yuxtapone unas a otras
como siguiendo un juego
cuyas reglas se han perdido.

marguerite duras



entre tanto abandono, de alguna manera, misteriosa y serena, los objetos se encuentran. no es que ellos se busquen, aunque sí es un asunto de encuentros.


cuando lo otro se pierde es que la mirada encuentra.


hay aquí una mirada que no pertenece. sucede, realmente, en toda historia. es la mirada del narrador. dicen que nada existiría después de su instante si no hubiera quien lo contara. como si lo condenado al olvido exigiera su último deseo. a veces, se cumple.

los objetos que visten de ausencia el abismo son apenas, pedazos pequeños de otras historias, las que están mudas detrás de la lente, las que el narrador, callado y atento, absorbe pero no cuenta completas.

hay historias imposibles de contarse completas.
hay presentes que mejor se viven así,
pedazo por pedazo…
de verlos completos,
quizá se volviera uno loco.

llega tarde el momento —entre tanto encierro— cuando la mirada completa lo que parece ya claro, su destino. empieza dando vueltas, ligera, sobre lo que no le pertenece, se posa; de nuevo se inquieta, se avergüenza de sí misma, tan libre, tan dueña. elige, descarta, avanza y llega. el cuadro es perfecto, siempre, cuando se ve imaginado. al centro, un poco arriba, un poco a la izquierda… son cosas que no se piensan mucho pues ha empezado ya el torbellino, la caída seducida. el abismo. entonces, la mirada hace lo suyo, por lo que vino, y entre tanto encierro, ella misma apresa. un bote, un trapo, las chanclas, el vestido, la imagen, una mesa. la mesa. las flores.

todo de alguien. alguien a quien no vemos y sin embargo, nos rodea; nos abruma, se asoma cerca, sobre el hombro, olfatea y empieza a ver lo que nosotros vemos, también con algo de vergüenza, disfrutando en silencio la deliciosa estética de la soledad, su tiempo. pues de eso se trata la ausencia, es el tiempo del otro vivido sin él.

la soledad ajena deviene así,
perniciosamente seductora.


destinado está el reflejo, la tortura de quien observa y apresa. condena mitológica. me estoy viendo recorrer embelesado las texturas, los negros que amenazan con perderse y llevarme consigo; los contrastes perfectos que lo hacen todo tan táctil y ajeno. aparece entonces el recuerdo inconsciente de esa distancia primera que salva y posiciona: la distancia de la mirada. yo estoy en otro lado. estoy donde puedo ver. Ver sin ser visto… aun cuando la suerte ya está echada pues los objetos han sido encontrados y no saldrán ya de su nuevo encierro —mi memoria— llevando consigo la distancia variable del recuerdo. Será ahora mi propia necesidad quien los llame.

descontextualizados —los objetos— salen del mundo dispuestos a empezar su propia poesía.
lo poético de la soledad.


la mirada ha elegido y en el encuadre designa —carente de palabras— lo que más adelante creerá que afirma con plena certeza …tengo encima este abismo de ausencia.

me he encontrado conmigo misma.


y tengo, un poco de miedo…
parece que he alcanzado la desmemoria del eterno presente.



v. yovanovich. de la serie: abismo de ausencia


marcela quiroz / 1974/ tj

1x1

cada átomo de silencio
es la posibilidad de un fruto maduro.

p. valéry

marcela quiroz luna / df / 1974