el sábado pasado fuimos de excursión a un poblado cercano a los ángeles, pasando san clemente, como en la canción de los tigres. se llama orange, una de las fundaciones más antiguas (1888) en california dentro del condado del mismo nombre: orange county. famoso entre arquitectos por ser una especie de mini-ciudad o suburbio perfecto, tipo maqueta, donde parece que se regula hasta cuando, por dónde y con cuantos perros van a pasear los vecinos muy temprano por la mañana y justo después de cenar. el orden y las buenas maneras como fundamentos éticos de aquello que se quiere simplemente pasar de soslayo con la conciencia tranquila como lo ‘políticamente correcto’. todas las casas en orange –no muy grandes ni ostentosas, pero sí impecablemente arregladas– muestran al frente, como en concurso, sus ‘inventivos’ diseños de jardines en perfecto cuidado y mantenimiento. las calles, anchas, trazadas a precisión, con curvas perfectas para las banquetas, como amables subidas y bajadas para minusvalidos, patines y bicicletas, se ofrecen al paseante sin una sola pelusa de basura. concreto que no se mancha.
los parques, también perfectamente podados, son recreo equilibrado en sol y sombra para el uso y deleite de los vecinos más cercanos. nunca hay que caminar de más para encontrar un parque. no habría que dar razón. así que se adivinen desde los cruces de calles, varios parques pequeños salpicados a los cuatro costados de la ciudad –con toda seguridad, siguiendo a rigor el porcentaje óptimo de áreas verdes x habitante en metros cuadrados. las albercas públicas, también una por cada tantas manzanas, están limpísimas, y dejan asomar su promesa en días más cálidos de lo conveniente, entre rejas, tampoco muy altas. la vialidad es perfecta. sería extraño encontrar más de tres autos esperando un cambio de luz al semáforo o al intercambio de turnos en las esquinas. tampoco tendría sentido, según las normas básicas de urbanidad, generar embotellamientos.
así que la vida pase, en orange county, como ‘debe de pasar’. pues llega a ser tal la 'hospitalidad' del condado que las autoridades competentes han hecho colocar en los árboles que lo ameritan, letreros impresos en computadora en hoja carta blanca (por cierto adivina uno que estos letreros los colocan a diario o al menos los cambian cada vez que se arruga alguno con el aire o por el sol) en los que se advierte al transeunte –muy cortesmente– sobre aquellos árboles que, por la época, están goteando cera de sus cortezas. no vaya a ser que te caiga en el coche y manche la pintura –si es que has decidido estacionarte ahí. sería absurdo también, dar pie a una demanda legal por detalles ‘controlables’ como éste, entre los habitantes y el gobierno local.
nada se mueve en orange. ni uno siquiera. porque aunque vengas de fuera y a todas luces te reconozcan los naturales como declaradamente ajeno al escenario ‘normal’, la realidad es que los visitantes pasan desapercibidos. es sencillo, resultaría imposible llamar la atención demasiado en un lugar sin lugar para las sorpresas. y ahí empieza el dogville de van sant, lo ajeno se obvia hasta que desaparece, y si no desaparece, con toda seguridad se hará lo necesario. ésa es la hospitalidad gringa, la más inmóvil. porque mientras las cosas no cambien, o al menos, se mantengan en apariencia, todo estará bien. nadie te ve ‘de más’ en orange, no hay por qué, seguramente te vas a ir pronto si no eres de ahí. y todos saben quién es ‘de ahí’ y quién no. así que, como dije, no hay lugar a las sorpresas. por eso todo se mantiene inmóvil, porque lo que no pertenece a ese ordenado existir, pronto desaparecerá, sólo es cosa de agarrar la 905 sur. podemos acaso concluir que 'el otro lado’ te deja ser tan móvil como puedas, siempre y cuando no abuses de su ‘anclada’ hospitalidad, de sus zonas de pertenencia. para eso se te ofrece el suburbio. hasta en orange, donde, apenas cruzando un puente, pasando por debajo del freeway, casi todo se vuelve al español en letreros, tiendas y palabra de cambio. puro inmigrante. pero, una vez más, hasta en ello hay un orden, el viejo centro de orange y las cuadras concomitantes, son todas norteamericanas, al más puro estilo. al estilo truman show. y ahí nadie se mezcla, sólo se ofrecen a la venta sus antigüedades. porque hay que decir que en orange lo que más se ve en el centro es la tienda de muebles antiguos y ropa vintage, como para seguir reciclandose ellos sobre ellos mismos. viejos y nuevos habitantes se compran y se venden ad infinitum sobre las primeras seis décadas del siglo pasado. así se asegura que orange siga, lo más parecida a sí misma, siempre. en un siempre que ya casi no tiene tiempo entre tanta insistencia por querer permanecer. inmóvil, en la medida de lo posible.
y para alguien que viene de tijuana un pueblo así no puede servir más que de ignición para saber que vale más moverse en defensa propia y por decisión consciente, hasta de la baba de los árboles, si fuera necesario. pues resulta que, muy al contrario del condado de las naranjas, en tijuana cualquier cambio parece que indica progreso. moverse, en general, es visto como algo positivo. tijuana no es un lugar para estancarse. al menos, eso parece, porque parece que ‘nadie es de aquí’ y hasta los oriundos están de paso. a tijuana llegas o de tijuana te vas. y eso lo sabe todo mundo, por eso, curiosamente, como en orange, tampoco nadie te ve mucho ni cuando vienes ni cuando vas, porque se sabe o se intuye, que muy probablemente no vas a volver. pero a diferencia de orange, la hospitalidad aquí no es esa, inmóvil, la de la cara en rictus de sonrisa especular; aquí resulta que la hospitalidad es tan móvil como la ciudad y los instantes se aprovechan como sea, pues muy probablemente nunca se vuelva a ver así lo que se tiene enfrente una vez. ni la gente, ni las construcciones. amigable, indiferente u hostil, en tijuana se interactua siempre, por si acaso; algun beneficio debe de salir, y si no, tampoco había mucho que perder. los intercambios son rápidos. porque aquí nada se mantiene más allá del tiempo estrictamente necesario. en tijuana, de lo que no cambia se sospecha. y es que tan sólo con la noche o la lluvia o la neblina la ciudad se transforma. por eso que la gente aquí le saca a los visitantes ‘de tiempo’ o ‘de paso’ –y a la misma ciudad y su infraestructura– lo más que se puede. por eso que tijuana se mueva tanto, porque aquí todo se trata de aprovechar y el tiempo siempre apremia; finalmente de eso se tratan las ‘oportunidades’ que te pueden llevar a conseguirte algo más permanente, algo más inmóvil, aunque sea en los suburbios de un condado naranja del que nunca serás parte, pero donde puede que consigas una casita a las afueras que se parezca, en la medida de tus posibilidades, a las casitas de adentro, ahí nomás cruzando el freeway, donde las cosas no cambian, donde finalmente parece que la vida es ‘como debe de ser’.
por cierto, curioso pero no vimos ni un árbol de naranjas mientras estuvimos ahí... ¿será que la fruta distintiva del lugar también es de utileria?
marcela quiroz luna / df-tijuana / 1974
Mostrando entradas con la etiqueta selección de artículos publicados en velocidad crítica | 2007. Mostrar todas las entradas
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24 de febrero de 2010
unos más, otros menos
la revista de arte contemporáneo parachute, fundada en 1974 ha anunciado recientemente su salida del mercado, su desaparición del flujo de discursos; su cancelación por falta de apoyo económico.
chantal pontbriand, director de parachute, crítico y curador franco-canadiense, expone la cada vez menor intención gubernamental de apoyar eéste y otros proyectos con intenciones críticas y teóricas sobre el devenir del arte contemproáneo en canadá, como la principal causa del sentido quiebre de la publicación. (en este punto, más de alguno empieza a paralelar la nueva y aterradora decisión calderonista de reducir —aun más— el presupuesto para la cultura en méxico, con la escena canadiense/primer mundo.)
vc cumple 7 años.
y mientras fox y sahagún se intentan pasear por el mundo dando estúpidas conferencias —en pareja— intentando cobrar hasta 500 dlls por entrada (justamente hoy se anuncia que debido al poquísimo quorum de su primer evento, han decidido bajar sus entradas a 95 dlls; cuando lo que debieran intentar sería retirarse —para siempre— de cualquier medio, escenario, pantalla o impreso)… mientras, mientras, vc cumple 7 años.
yo soy lectora de vc desde hace 7 años. fui lectora de parachute y escuché un sin fin de aberraciones en boca de nuestro exgobernante y su trepadora acompañante los pasados 6 años. ¿la moraleja?
no se necesita de un gran presupuesto, ni de grandes líderes, incluso, ni de grandes ideas, para seguir. eso es, a mi juicio, lo que ha hecho, nos ha hecho, lectores de este rectángulo doblado en 4. un proyecto sin mayores pretensiones que las de ser algo entre tanta nada. conjugación de necesidades, saberes, ignorancias, complejos, deseos, frustraciones, intenciones, sugerencias, quejas y desasosiegos. finalmente, eso, un proyecto en manos de alguien constante.
sea lo más difícil para una publicación hoy, la conformación de un lenguaje, no de un estilo, lejos de una moda; apenas un intento por decir en un mismo tono cosas muy diversas. hacerse de una identidad. ése ha sido el otro gran acierto —buscado o encontrado— de este espacio en letras. empecemos por agradecerle a sus fundadores, a los primeros colaboradores y columnistas—entre los que tengo el gusto de contarme; pero, especialmente a quienes han seguido en afanoso intento, apasionado del diseño complejo y siempre seductor, las opiniones entresacadas que a poco los han vuelto a varios, nuevos colaboradores. seguir lo punteado, subirse a un barco que se ve de lejos y nunca bien se conoce; apostarle a uno mismo en un proyecto ajeno y propio.
pues aunque eduardo dude, se avergüence y vuelva a dudar sobre la intormisión ‘pública’ de vc en los muchos foros de discusión sobre publicaciones de arte contemporáneo a los que ha dado pie su insistencia en la escena; lo cierto es que hace falta estar de un lado y del otro para escoger. vc ha seguido escogiendo ser lo que es. sabiendo sus límites, desconociendo su fortaleza, gravitando siempre en torno a sus debilidades; lo cierto es que estos ocho palmos tienen un público que de una u otra forma los agradece, y como favor con favor se paga, estoy segura de que seguiremos escribiendo hasta que el espiral se angoste y acabemos, acaso, —tan seguros— leyendo sólo nuestras propias palabras.
marcela quiroz luna / df / 1974
chantal pontbriand, director de parachute, crítico y curador franco-canadiense, expone la cada vez menor intención gubernamental de apoyar eéste y otros proyectos con intenciones críticas y teóricas sobre el devenir del arte contemproáneo en canadá, como la principal causa del sentido quiebre de la publicación. (en este punto, más de alguno empieza a paralelar la nueva y aterradora decisión calderonista de reducir —aun más— el presupuesto para la cultura en méxico, con la escena canadiense/primer mundo.)
vc cumple 7 años.
y mientras fox y sahagún se intentan pasear por el mundo dando estúpidas conferencias —en pareja— intentando cobrar hasta 500 dlls por entrada (justamente hoy se anuncia que debido al poquísimo quorum de su primer evento, han decidido bajar sus entradas a 95 dlls; cuando lo que debieran intentar sería retirarse —para siempre— de cualquier medio, escenario, pantalla o impreso)… mientras, mientras, vc cumple 7 años.
yo soy lectora de vc desde hace 7 años. fui lectora de parachute y escuché un sin fin de aberraciones en boca de nuestro exgobernante y su trepadora acompañante los pasados 6 años. ¿la moraleja?
no se necesita de un gran presupuesto, ni de grandes líderes, incluso, ni de grandes ideas, para seguir. eso es, a mi juicio, lo que ha hecho, nos ha hecho, lectores de este rectángulo doblado en 4. un proyecto sin mayores pretensiones que las de ser algo entre tanta nada. conjugación de necesidades, saberes, ignorancias, complejos, deseos, frustraciones, intenciones, sugerencias, quejas y desasosiegos. finalmente, eso, un proyecto en manos de alguien constante.
sea lo más difícil para una publicación hoy, la conformación de un lenguaje, no de un estilo, lejos de una moda; apenas un intento por decir en un mismo tono cosas muy diversas. hacerse de una identidad. ése ha sido el otro gran acierto —buscado o encontrado— de este espacio en letras. empecemos por agradecerle a sus fundadores, a los primeros colaboradores y columnistas—entre los que tengo el gusto de contarme; pero, especialmente a quienes han seguido en afanoso intento, apasionado del diseño complejo y siempre seductor, las opiniones entresacadas que a poco los han vuelto a varios, nuevos colaboradores. seguir lo punteado, subirse a un barco que se ve de lejos y nunca bien se conoce; apostarle a uno mismo en un proyecto ajeno y propio.
pues aunque eduardo dude, se avergüence y vuelva a dudar sobre la intormisión ‘pública’ de vc en los muchos foros de discusión sobre publicaciones de arte contemporáneo a los que ha dado pie su insistencia en la escena; lo cierto es que hace falta estar de un lado y del otro para escoger. vc ha seguido escogiendo ser lo que es. sabiendo sus límites, desconociendo su fortaleza, gravitando siempre en torno a sus debilidades; lo cierto es que estos ocho palmos tienen un público que de una u otra forma los agradece, y como favor con favor se paga, estoy segura de que seguiremos escribiendo hasta que el espiral se angoste y acabemos, acaso, —tan seguros— leyendo sólo nuestras propias palabras.
marcela quiroz luna / df / 1974
pájaros en la cabeza
monica dower (south hampton, inglaterra, 1966)
pájaros en la cabeza (2002) 3’22”
empieza como todas las historias que se hace una en la cabeza, un poco lento, no demasiado —nunca es demasiado lento. a veces, como ocurre, incluso parece precipitado el arranque de la cabeza de uno a otro lado mientras empiezan los aleteos sonoros, húmedos.
el video pájaros en la cabeza de monica dower no semeja un impasse hipnótico, a pesar de lo que se lee sobre la pieza. nada más lejos de la hipnosis; acaso más cerca de la histeria que empieza un poco lento, no demasiado —nunca son demasiado lentas las historias que se hace una en la cabeza. hasta que el rostro se mueve sobre su propia desaparición y la cabeza dice ‘no’ alimentada por el ruido armónico, aun al borde de la inquietud que sospecha de su propia sanidad, producido por las puntas del pelo mojado que choca contra una cortina plástica de círculos amarillos.
el cuerpo enfatiza su potencia desde la profundidad inerte que habita los párpados de la artista, desplazándose hacia la inercia autogenerada del medio giro, nunca más. moverse así es querer quebrarse el cuello en un descuido. sin embargo, las cervicales lo sostienen todo, hasta las historias que se hace una en la cabeza. por eso que no pueda dar la vuelta completa y se mantenga negando un rato más, hasta cansarse y parar. para unos segundos pero ya recontinúa el recuerdo inmediato del medio giro. es el sonido, es el grito. son los pájaros en la cabeza. no es ya el cuerpo lo que alimenta el movimiento la segunda, la quinta, la décima vez; es el sonido. si dejara de escucharse, el aleteo, la mujer caería muerta sobre la loseta. sería una muerte de puntas mojadas.
hay que decirlo; el tiempo se tuvo o se tiene. la cabeza lo sabe, por eso las historias. ésas, a pesar del cese al vuelo, se mantienen dentro, como aislantes de memoria dando su ruido sordo a quien quiera escuchar sus accidentes.
los pájaros de dower extienden el mundo líquido del que habla marguerite duras sobre los espacios de sus historias al invocar el revuelo que se agita en los bordes de la locura. como lol v. stein, monica, de pie, aparentemente estática del cuello hacia abajo, en el ruido que altera el paso de esos tres minutos, ‘sigue lo que se mueve, lo que parte’. entropía auditiva como medición termodinámica descorporeizada de la energía inutilizable de su sistema; cuando el cuerpo se detiene ante la imposibilidad de levantar, efectivamente, el vuelo y vuelve a mirar de frente con los ojos bien cerrados.

marcela quiroz luna / tijuana / 1974
cuban-born, american citizen
“las impurezas, el sol y los desvelos provocados por las fiestas generan líneas de expresión indeseables. si quieres algo para preparar en casa te recomendamos aloe vera, una planta tropical famosa porque ayuda a prevenir las arrugas prematuras.” recomiendan a una joven lectora las expertas de belleza y cuidado de la piel de una reconocida revista de moda.
la frase me deja perpleja —no por desconocer las propiedades del aloe vera, auxiliar también en tratamientos de quemaduras leves por bronceados intensos; sino por la contundencia de la afirmación que antecede al consejo casero. ¿cómo atreverse a asegurar sin miramientos que las líneas de expresión son por completo indeseables y que hay que prevenirlas o tratarlas hasta su desaparición? ¿es preciso, o tan sólo deseable, por no decir psicológicamente sano, borrar del rostro las líneas de expresión?
es fácil concluir para muchas lectoras la respuesta globalizada y comerciante: sí. yo sigo preguntándome por qué.
¿qué hay de la historia de nuestras expresiones que urge borrar? si resulta que ni siquiera cuando dormimos la piel se relaja, ni deja de repetir movimientos faciales y gestos recordados del día que intentamos descansar, ¿no nos dice algo esta insistencia de actividad perenne en nuestros músculos faciales? si el rostro, como el resto del cuerpo necesita de esas líneas de expresión generadas sobre la epidermis —y con el tiempo en profundidad sobre la dermis— para descargar las tensiones, preocupaciones, recuerdos, remordimientos, rescates y estrategias que con los años vamos sumando al equipaje personal, ¿es realmente necesario “detener el paso del tiempo” sobre el territorio identitario que conforma el rostro como unicidad acumulable por infinidad de huellas superpuestas?
sí, para muchos, definitivamente para todos en el medio publi-cosmetológico, porque la idea es no tener rastros. ofrecer al mundo un rostro sin historia. borrar las particularidades, las unicidades que en arrugas y líneas destinan lo andado como prueba, para estructurar en cambio una superficie lisa en la que los impulsos de liberación de los neurotransmisores (impulsos eléctricos) generados por los gestos, estén siempre contenidos, limitados, regulados y en control para eliminar y prevenir.
es así, en este mismo intento como uno entiende que la apuesta norteamericana para la bienal de venecia este verano sea el difunto félix gonzález-torres, cubano de nacimiento, nacionalizado americano. pues esa es la primera línea de presentación de la propuesta que justifica la decisión de presentar a gonzález-torres por parte de nancy spector, curadora del guggenheim de ny, en el pabellón de eu. “cuban-born, american citizen.” como si al primer impacto de tener que reconocer el origen de la bandera artística elegida para una de las principales bienales de arte en el mundo, funcionara la distancia entre una ‘coma’ y la siguiente aclaración, de la misma manera en que a uno le diagnostican el tratamiento cosmetológico imperioso ante la casi-trágica realidad, pero aun salvable con el debido recubrimiento. el mensaje es claro: eu es incluyente, aunque las redadas no paren y la reforma migratoria funcione ya en el imaginario como una especie de utopía de origen inaccesible. por eso será que hayan dado por fin el gran ‘reconocimiento’ a una de las mayorías inmigrantes del país en la figura de félix gonzález-torres (1957-1996); quien, desafortunadamente, ya no está vivo para recibir el homenaje.
pacificación póstuma. pues el ‘deceased cuban-born, american citizen’ es ya tan inofensivo y efectivo como las arrugas para el “efecto toxina botulínica”, lo último en tratamientos cosméticos para desparecer esas “indeseables líneas de expresión” sin que sea necesario optar por métodos radicales y dolorosos con riesgos de complicaciones post-operatorias.
es así que ya “no es necesario dejar de reir y gesticular para detener el paso del tiempo, se trata de atacar el problema de manera integral”; dirán los gringos, pues si somos ya tan plurales que elegimos por decisión propia mostrarnos al mundo tras la cara (sin arrugas) de un inmigrante, el mundo debería recompensarnos olvidando esas molestas —pero necesarias— gesticulaciones que de pronto o todo el tiempo, nos vemos obligados a hacer, aún sin quererlo… deben pensar los vecinos. gonzález-torres es el ‘aloe vera’ de la temporada cultural de eu para el mundo.
de ahí el peligro de borrarse las arrugas, pues puede uno muy fácilmente olvidarse de quién es y entre quienes está.
marcela quiroz luna / 1974 / tijuana
la frase me deja perpleja —no por desconocer las propiedades del aloe vera, auxiliar también en tratamientos de quemaduras leves por bronceados intensos; sino por la contundencia de la afirmación que antecede al consejo casero. ¿cómo atreverse a asegurar sin miramientos que las líneas de expresión son por completo indeseables y que hay que prevenirlas o tratarlas hasta su desaparición? ¿es preciso, o tan sólo deseable, por no decir psicológicamente sano, borrar del rostro las líneas de expresión?
es fácil concluir para muchas lectoras la respuesta globalizada y comerciante: sí. yo sigo preguntándome por qué.
¿qué hay de la historia de nuestras expresiones que urge borrar? si resulta que ni siquiera cuando dormimos la piel se relaja, ni deja de repetir movimientos faciales y gestos recordados del día que intentamos descansar, ¿no nos dice algo esta insistencia de actividad perenne en nuestros músculos faciales? si el rostro, como el resto del cuerpo necesita de esas líneas de expresión generadas sobre la epidermis —y con el tiempo en profundidad sobre la dermis— para descargar las tensiones, preocupaciones, recuerdos, remordimientos, rescates y estrategias que con los años vamos sumando al equipaje personal, ¿es realmente necesario “detener el paso del tiempo” sobre el territorio identitario que conforma el rostro como unicidad acumulable por infinidad de huellas superpuestas?
sí, para muchos, definitivamente para todos en el medio publi-cosmetológico, porque la idea es no tener rastros. ofrecer al mundo un rostro sin historia. borrar las particularidades, las unicidades que en arrugas y líneas destinan lo andado como prueba, para estructurar en cambio una superficie lisa en la que los impulsos de liberación de los neurotransmisores (impulsos eléctricos) generados por los gestos, estén siempre contenidos, limitados, regulados y en control para eliminar y prevenir.
es así, en este mismo intento como uno entiende que la apuesta norteamericana para la bienal de venecia este verano sea el difunto félix gonzález-torres, cubano de nacimiento, nacionalizado americano. pues esa es la primera línea de presentación de la propuesta que justifica la decisión de presentar a gonzález-torres por parte de nancy spector, curadora del guggenheim de ny, en el pabellón de eu. “cuban-born, american citizen.” como si al primer impacto de tener que reconocer el origen de la bandera artística elegida para una de las principales bienales de arte en el mundo, funcionara la distancia entre una ‘coma’ y la siguiente aclaración, de la misma manera en que a uno le diagnostican el tratamiento cosmetológico imperioso ante la casi-trágica realidad, pero aun salvable con el debido recubrimiento. el mensaje es claro: eu es incluyente, aunque las redadas no paren y la reforma migratoria funcione ya en el imaginario como una especie de utopía de origen inaccesible. por eso será que hayan dado por fin el gran ‘reconocimiento’ a una de las mayorías inmigrantes del país en la figura de félix gonzález-torres (1957-1996); quien, desafortunadamente, ya no está vivo para recibir el homenaje.
pacificación póstuma. pues el ‘deceased cuban-born, american citizen’ es ya tan inofensivo y efectivo como las arrugas para el “efecto toxina botulínica”, lo último en tratamientos cosméticos para desparecer esas “indeseables líneas de expresión” sin que sea necesario optar por métodos radicales y dolorosos con riesgos de complicaciones post-operatorias.
es así que ya “no es necesario dejar de reir y gesticular para detener el paso del tiempo, se trata de atacar el problema de manera integral”; dirán los gringos, pues si somos ya tan plurales que elegimos por decisión propia mostrarnos al mundo tras la cara (sin arrugas) de un inmigrante, el mundo debería recompensarnos olvidando esas molestas —pero necesarias— gesticulaciones que de pronto o todo el tiempo, nos vemos obligados a hacer, aún sin quererlo… deben pensar los vecinos. gonzález-torres es el ‘aloe vera’ de la temporada cultural de eu para el mundo.
de ahí el peligro de borrarse las arrugas, pues puede uno muy fácilmente olvidarse de quién es y entre quienes está.
marcela quiroz luna / 1974 / tijuana
sobre la obra de arte en la época de su ‘reproductibilidad’ técnica
ahora que estoy releyendo a benjamin como parte de mi instensiva entrada al doctorado en teoría crítica del 17 instituto de estudios críticos, me he encontrado con el problema de la denuncia. ¿por qué, si sólo se trataría de ‘triturar el aura’? es difícil, por no decir penoso, pues de un tiempo para acá me he encontrado con dos ‘reproducciones’ bastante vergonzosas por descaradas en el terreno del arte contemporáneo local. y peor aun es decir que a ambos ‘toma-ideas’ los tengo en estima. ¿o los tenía? ¿es independiente la estima personal del respeto artístico? es difícil decirlo así, en blanco y negro, aunque claro, no he podido hablar con ninguno de los dos ‘artistas’ desde que he azarosamente encontrado los ‘originales’ de sus piezas en revistas de arte internacional firmadas por alguien más y con fecha anterior. ¿qué hacer? ¿de qué nos sirve la denuncia en una sociedad tan poco ética y ‘democrática’ como la actual?
mi verdadera duda no va por la denuncia realmente, pues no me interesa en este caso señalar nombres original-y-copia de las piezas que ambos artistas, tijuanos han hecho –curiosamente– de ambos artistas canadienses. (al menos no ahora…) lo que me interesa en cambio es hablar algo de la permisibilidad de este tipo de situaciones que permea la escena de arte contemporáneo globalizado. pues sin duda, no puedo ser la única que ha reparado en los ‘asombrosos parecidos’ de las piezas de unos y otros; es decir, he visto imágenes de las piezas ‘originales’ en revistas de masiva reproducción y venta que –cualquier interesado en ver lo que no ha podido sin viajar– encuentra sobre un estante más o menos especializado. entonces… ¿por qué nadie dice nada? ¿por qué nos tragamos todos la ‘pildorita’ de la originalidad fronteriza? la respuesta al caso específico es sencilla. porque tijuana está de moda y vende. moda que desde insite, nortec y arco va de bajada –espero– cerrando hoy con babel en los óscares (con o sin estatuilla, da igual, pues lo importante es que ‘los mexicanos ya estamos en la alfombra roja’ ¿qué no?).
hace sesenta años walter benjamin denunciaba inclemente los efectos de la reproductibilidad sobre la imagen artística; de la destrucción del aura del actor teatral frente al actor cinematográfico; de la carencia de caracter ‘cultual’ de la fotografía después del daguerrotipo; sin embargo, apuntaba a la reproductibilidad como vía de politización de la obra –frente a la estetización de la política enarbolada por el fascismo. y si pensamos en los plagios de estrategia y obra de estos dos artistas locales, como ‘reproductibilidad politizada’; algo así como ‘el tercer mundo se burla del primero haciéndose fama con sus propias estrategias… ¿que no tendríamos que encontrar en la ‘piezas-bis’, al menos un ‘comentario’ sobre el propio hecho del plagio descarado e incastigado (¿por inadvertido?) como burla al sistema artístico contemporáneo en el que lo exótico sigue vendiendo por esencia frente al artista hoy como ‘ciudadano del mundo’, cosmopolita, exportable, museable y explotable en todos contextos, ferias y bienales? ¿o será que las burlas al aparato artístico terminaron con duchamp? ¿será que hoy la ‘reproductibilidad técinca’ ha avanzado a un nuevo estadío, el cibernético integral? si es así, hay que ponerse a investigar más en red y en impresos señores críticos y curadores, para al menos estar conscientes de que lo que se está exportando como nuevas genialidades territoriales, están mucho más expandidas e interconectadas que ustedes con la historia reciente de su disciplina, sus procesos y posibilidades reales de interconexión. pues es claro que estos dos artistas están entendiendo más sobre el contexto de su plataforma fronteriza que quienes tan afanosamente los han venido promoviendo en la última década.
marcela quiroz luna / tj / 1974
mi verdadera duda no va por la denuncia realmente, pues no me interesa en este caso señalar nombres original-y-copia de las piezas que ambos artistas, tijuanos han hecho –curiosamente– de ambos artistas canadienses. (al menos no ahora…) lo que me interesa en cambio es hablar algo de la permisibilidad de este tipo de situaciones que permea la escena de arte contemporáneo globalizado. pues sin duda, no puedo ser la única que ha reparado en los ‘asombrosos parecidos’ de las piezas de unos y otros; es decir, he visto imágenes de las piezas ‘originales’ en revistas de masiva reproducción y venta que –cualquier interesado en ver lo que no ha podido sin viajar– encuentra sobre un estante más o menos especializado. entonces… ¿por qué nadie dice nada? ¿por qué nos tragamos todos la ‘pildorita’ de la originalidad fronteriza? la respuesta al caso específico es sencilla. porque tijuana está de moda y vende. moda que desde insite, nortec y arco va de bajada –espero– cerrando hoy con babel en los óscares (con o sin estatuilla, da igual, pues lo importante es que ‘los mexicanos ya estamos en la alfombra roja’ ¿qué no?).
hace sesenta años walter benjamin denunciaba inclemente los efectos de la reproductibilidad sobre la imagen artística; de la destrucción del aura del actor teatral frente al actor cinematográfico; de la carencia de caracter ‘cultual’ de la fotografía después del daguerrotipo; sin embargo, apuntaba a la reproductibilidad como vía de politización de la obra –frente a la estetización de la política enarbolada por el fascismo. y si pensamos en los plagios de estrategia y obra de estos dos artistas locales, como ‘reproductibilidad politizada’; algo así como ‘el tercer mundo se burla del primero haciéndose fama con sus propias estrategias… ¿que no tendríamos que encontrar en la ‘piezas-bis’, al menos un ‘comentario’ sobre el propio hecho del plagio descarado e incastigado (¿por inadvertido?) como burla al sistema artístico contemporáneo en el que lo exótico sigue vendiendo por esencia frente al artista hoy como ‘ciudadano del mundo’, cosmopolita, exportable, museable y explotable en todos contextos, ferias y bienales? ¿o será que las burlas al aparato artístico terminaron con duchamp? ¿será que hoy la ‘reproductibilidad técinca’ ha avanzado a un nuevo estadío, el cibernético integral? si es así, hay que ponerse a investigar más en red y en impresos señores críticos y curadores, para al menos estar conscientes de que lo que se está exportando como nuevas genialidades territoriales, están mucho más expandidas e interconectadas que ustedes con la historia reciente de su disciplina, sus procesos y posibilidades reales de interconexión. pues es claro que estos dos artistas están entendiendo más sobre el contexto de su plataforma fronteriza que quienes tan afanosamente los han venido promoviendo en la última década.
marcela quiroz luna / tj / 1974
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