6 de mayo de 2010

Orígenes de la visión (y algunas representaciones)

Aún tenemos mucho que aprender. La relación entre la imagen y su objeto, por ejemplo, sigue siendo muy oscura.
Jean-Paul Sartre. L’imaginaire. 1940


Intentar ejemplificar cómo es que la historia del arte occidental ha buscado comprender y representar el mundo es, por principio, una tarea inconmensurable. Sin embargo es posible ubicar por consistencia, determinadas condensaciones entre y sobre el devenir de la historia, sus escuelas, estilos, movimientos, manifiestos e individualidades. Este museo de papel propone la reflexión desde cuatro lugares de la mirada que de diversas maneras han estado presentes en la historia del arte occidental.

Preciso como necesidad de límites el establecimiento —arbitrario como suelen ser todos los cortes— de un rango temporal entre los orígenes de la pintura como representación intencionada del espacio a partir de la comprensión del funcionamiento de la visión y las leyes de la óptica a partir del siglo XV en Europa, y ciertos ‘encuentros’ en el arte contemporáneo. Con la intención de facilitar al ‘visitante’ una comprensión tan profunda como lo permita este espacio y mi entendimiento, he elegido obras canónicas de la tradición pictórica cuyas búsquedas de representación del espacio entregan pistas trazables al momento presente. Así, se verá que los intereses e intenciones de aprehensión del espacio representable a la obra de arte, son legibles al sobrevuelo de siglos, lenguajes y territorios; ofreciéndonos la posibilidad de tender puentes entre determinadas búsquedas del arte contemporáneo que hoy dialogan en torno a preocupaciones similares a aquellas que articularon históricas concepciones y concreciones sobre las formas del ver.

Lejos de buscar relaciones lineales-evolutivas, la relación de obras propuesta convoca a la memoria-presente del espectador frente a la experiencia histórica y fenomenológica de la visión que alimenta y constituye la relación del cuerpo con el espacio en cada pieza. Pues finalmente parecería que no estaban muy lejos en su forma de ver el mundo las ideas de los filósofos pre-aristotélicos conocidos como ‘atomistas’ y las leyes del comportamiento de la luz y la óptica de Isaac Newton, por ejemplo.

Recordemos que los atomistas aseguraban que la visión sucedía gracias a la conformación de las imágenes del mundo constituidas por pequeños corpúsculos que los objetos lanzaban fuera de sí al espacio entre ellos y nuestra mirada, para ser atrapados por ella, penetrando el ojo y conformando dentro de él una especie de emanación corporal del objeto exterior. Aristóteles y subsiguientes pensadores se encargaron de desmentirlos. Siglos y civilizaciones más tarde, revolucionando la ciencia del siglo XVIII y sus destilados hasta nuestros días, Isaac Newton declararía que la luz efectivamente está compuesta por partículas y que gracias a ellas sucede la transmisión de rayos luminosos refractados por los objetos que habitan el mundo para poder ser vistos. ¿Qué podemos extraer hoy de esta un tanto esencial concordancia? Quizá sólo más preguntas, apoyadas sin embargo sobre la certeza de saber que nuestra mirada efectivamente depende de una serie de leyes y comportamientos físicos invisibles y sin embargo, representados. Sean las palabras y sus teorías, o las imágenes del mundo y sus representaciones, quizá lo que nos quede sea estar conscientes de aquello que Johannes Kepler demostraba ya en el s. XVII: aún dentro de nuestro propio ojo desnudo no podemos escapar a la representación. Pues esa ‘primera representación’ del mundo en imagen sucede dentro de nosotros mismos —por las características fisiognómicas del ojo y la forma en que se proyecta la luz sobre y desde los objetos del mundo— así que nos quede el juego de andar sobre los orígenes de la visión entre la mirada y sus representaciones, sin estar seguros de lo que vemos o hemos visto. Por ello, propongo recorrer algunas formas visibles del diálogo del hombre como mirada y cuerpo en el mundo pensando en ellas como momentos de (re)conocimiento entre la materia y sus imágenes. Para, quizá, poder decir como Federico García Lorca que, efectivamente, toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo.


Caspar David Friederich. Wanderer above sea of fog. 1817. Óleo/lienzo.

el espacio editado

Empecemos con el espacio antes del espacio; es decir, cuando las búsquedas de representación del espacio en la pintura aún no conseguían simular sobre el lienzo la profundidad. Estamos al siglo XIV y las escenas representadas, casi en su totalidad sobre temáticas religiosas, han dejado atrás la estética gótica con sus fondos monocromos para, en cambio, ‘localizar’ los pasajes bíblicos en escenarios ‘reales’, más terrenales. Empiezan a aparecer entornos arquitectónicos como escenarios de representación, pero aún no se logra darles profundidad, es decir, convencer a la mirada de que algo en la escena está ‘naturalmente’ a la mirada, más atrás en el espacio del que ocupan las figuras principales. El resultado, por decirlo burdamente, es un espacio aplanado, pues los pintores, desconociendo aún los secretos del arte de la perspectiva (como lo describiera Albercht Dürer en una carta explicando la necesidad de su próximo viaje a Italia), se veían obligados a ‘editar’ el espacio en que sucedería su escena. No sabiendo cómo representar el espacio-en-medio-del-espacio, sucede con frecuencia que las diferentes partes del cuadro parecen empalmarse y lo que fuera un intento por potenciar la mirada sobre un espacio compuesto de varios, resulta hacer lo contrario, lo recorta en su tridimensión temporal y lo presenta ocupando un mismo plano casi como en collage.

Paradójicamente, Gordon Matta-Clark uno de los artistas más importantes del siglo XX por su práctica y estética puramente anti-tradicionalista, logra con su obra fotográfica un ‘efecto visual’ similar. Esta imagen de Office Baroque que documenta y extiende la existencia temporal de la intervención anarquitectónica de Matta-Clark en un edificio deshabitado en Amberes en 1977, recorre el trayecto entre el espacio físico y su representación de forma y en concepto casi paralelo a lo que hicieran los pintores pre y proto-renacentistas. Si bien, físicamente los recortes al edificio actúan literalmente sobre capas materiales en distintos ‘momentos’ del espacio arquitectónico dinamizando sus volúmenes; la fotografía —medio con que el artista registra todas sus intervenciones— termina por emplazar los distintos niveles del espacio sobre un mismo plano.



Piero della Francesca. Flagelación. 1469. óleo/lienzo.


Gordon Matta Clark. Office Baroque. 1977. Plata/gelatina.


el espacio lineal

Entendiendo de la manera más sencilla posible que la perspectiva es la apariencia del objeto en función de la relación espacial que mantiene con el observador, su concepción implicó una verdadera transformación en la manera de representar el mundo en el arte. Las obras del arquitecto italiano Filippo Brunelleschi y el tratado De la Pintura de Leon Battista Alberti en 1435, presentarán al mundo occidental con una de las figuraciones más determinantes y persistentes en la historia del arte. El punto de fuga, las diagonales, el espacio reticulado, el ojo como centro rector de universo, el cuerpo humano como escala de medición y ordenamiento del mundo y su representación, serán los ejes que guíen las formas ‘correctas’ de representación en el arte hasta la academias del siglo XIX.

Cinco siglos después de enunciadas las teorías de la perspectiva su herencia conceptual y práctica —en tanto ordenamiento fundacional del espacio y los objetos que lo pueblan, administrando unos y otro entre retículas lineales— pervive en la formación de la mirada artística y sus juegos de representación en el arte contemporáneo. Maya Lin (1959), artista reconocida por su inteligente estudio de relaciones sobre la experiencia del paisaje y el espacio arquitectónico, reescribe la visión histórica del espacio lineal en su obra Water Line. Usando como materia prima la topología del fondo del mar y vistas sonares del suelo marino, Lin desplaza los trazos tecnológicos hacia formas escultóricas. Así, sostiene desde los muros de una galería delgados alambres de aluminio a media altura del espacio de la sala con los que replica la retícula generada por diversos sistemas de lectura de paisaje que emplea como documento a representar. Desplegando tridimensionalmente los trazos que el plano representa en la bidimensión, Maya Lin construye un paisaje de líneas sutiles que más que ordenar el espacio, lo habitan. Estrategia invertida sobre la perspectiva renacentista que hace de su fundamento en abstracción otra forma de transitar lo topográfico, así como un reposicionamiento del ojo cartesiano.



Anónimo. Ciudad ideal con fuente y estatuas de las virtudes.
c. 1500. Óleo sobre madera.


Maya Lin. Water Line. 2006.


el espacio atmosférico

Es posible decir que la cualidad del espacio atmosférico —aquel que se estructura en colores y se hace de densidades— es ante todo su ser-evocación. Una imagen que se compone de atmósfera (como lo demostraron los fotógrafos naturalistas guiados por Peter H. Emerson) es aquella que a la mirada evoca el espacio, más no lo representa con fidelidad y precisión. Describir el espacio, empatando el nacimiento de la fotografía con los impulsos espirituales de la pintura romántica, es intentar capturar su esencia, no simplemente su imagen. No resultó accidental ante tales impulsos volver la mirada al paisaje entre los artistas del siglo XIX, estudiando la luz desde sus colores (siguiendo las enunciaciones de Newton sobre el prisma cromático). El inglés Joseph M. William Turner fue uno de los maestros, haciendo de sus configuraciones de color verdaderas desmaterializaciones atmosféricas. Su pintura involucra así al espectador de otra manera, pues no es la mirada y la conciencia como rectitud identificadora de ‘lo real’ lo que es llamado, sino una experiencia de percepción corporal que se expande sobre las posibilidades de aprehensión sensible del mundo; involucrando también la memoria (corporal, emotiva, sensorial) en la configuración de la experiencia del hombre en el mundo, no frente a él.

Olafur Eliasson (1967), reconocido por sus ambientaciones y escenarios perceptuales, parecería permanecer él mismo habitando esta mirada atmosférica que el siglo XIX desarrolló en las artes. Su obra The Mediated Motion es uno de los muchos ejemplos con los que su producción ha conseguido enfrentar al cuerpo del espectador a la ‘recuperación’ de esa experiencia de orden naturalista dentro de las salas de un museo. En esta pieza el artista estructuró cuatro ambientaciones entre las que transitaba el visitante incitado de distintas maneras a la experiencia fenomenológica del espacio. Uno de esos 4 ambientes era un cuarto de bruma con un puente colgante de madera por el que caminaba el espectador de un punto a otro; sin llegar realmente a ningún lado más que al siguiente muro/fin de la sala. Había entonces que bajar por una escalera y salir del cuarto caminando; o bien, decidir regresar por el puente tendido, bajar y abandonar de la sala. Este ejercicio dirigido de suspensión e irrealidad —encontrarse de pronto flotando en medio de la nada mirando a la nada (bruma/vacío)— acciona en el espectador una necesidad de expansión de la mirada sobre el espacio, más allá de él, liberándolo de lo previsible para poder percibir lo evocado ante la carencia de figuras de representación. Así, la mirada desbordada de insuficiencia re-localiza al cuerpo para sentir la —aparentemente incierta— transformación de un espacio lineal en uno atmosférico.



Joseph M. William Turner. Rain. 1819. Óleo/lienzo.


Olafur Eliasson. The Mediated Motion. 2001. Vapor, madera, cuerda.


el espacio convexo

Se dice de un cuerpo convexo que dentro de él se puede ir de cualquier punto a cualquier otro en vía recta, sin salir del mismo. Esta asombrosa capacidad ‘incluyente’ o abarcadora al ser trasladada a una superficie especular, tiene la particularidad de literalmente atrapar todo cuanto exista en su entorno. Así que, a diferencia de los espejos planos, frente a los convexos uno se puede seguir moviendo más allá de sus límites, y aún ser convertido en pequeña imagen. Saber las bases de tal funcionamiento y revisar estas dos obras de arte de muy distantes contextos históricos que han hecho uso del espejo como herramienta de representación, es un interesante camino para recorrer dos modos de la visión y los intereses detrás de tales aprehensiones del mundo.

Es probable que el retrato de Giovanni Arnolfini y su mujer pintado por Jan Van Eyck en 1434 sea uno de los cuadros más representados en la historia del arte. No sólo por su destreza técnica en la reproducción de texturas, superficies y brillos, sino por la fascinación que encierra el pequeño espejo convexo que se observa entre la pareja al fondo de la habitación. Pues resulta que ese pequeñísimo fragmento de tela se encierra el universo. El juego y el detalle que sobre la visión y sus requerimientos a la representación contiene esa forma circular para hacerla, efectivamente, convexa no es sólo un divertimento pictórico o un toque de jactancia maestril; es en realidad un estudio óptico vuelto imagen como expansión sobre lienzo de los avances científicos que caracterizaron los siglos XV y hasta el XVIII en el imaginario holandés.

Hace un par de años, Anish Kapoor (1952) colocó un gigantesco espejo convexo a la entrada del Rockefeller Center en Nueva York. Como el espejo de Van Eyck, el Mirror Sky de Kapoor también estuvo colocado entre ‘cuerpos’ —en su caso entre dos de las muchas construcciones arquitectónicas que hacen la ciudad en este icónico y multi-transitado nodo urbano. Pero al contrario del pequeño espejo en el retrato de los Arnolfini y sus detallados reflejos de una interioridad observada como contenido posible al entendimiento en tanto saber universalizable; el espejo de Kapoor se enfrenta gigantesco a un mundo incontenible reflejando un imaginario rebasado al que el universo parece no revelarse ya más sino como vigilancia. ¿Paradoja? ¿Sarcasmo? ¿Parábola? El ‘espejo del cielo’ que monta Kapoor refleja en cambio al hombre/tierra enajenado en su andar contratiempo; pero es el gesto del artista lo suficientemente visible, que aún cuando el espectador/transeúnte voltea casi obligado y quizá condicionado a ver sólo la fugacidad de su propio reflejo convexo, esa característica ilimitable de la forma óptica parece que logra su cometido pues lo ha obligado ya a volver el cuerpo, la cabeza y la mirada al cielo impulsando la reflexión sobre los límites de la mirada.


Jan Van Eyck. Retrato de Giovanni Arnolfini(?) y su esposa, Giovanna Cenami(?). 1434. Óleo/madera.


Anish Kapoor. Sky Mirror. 2006. Espejo.

Marcela Quiroz

24 de febrero de 2010

o.c.

el sábado pasado fuimos de excursión a un poblado cercano a los ángeles, pasando san clemente, como en la canción de los tigres. se llama orange, una de las fundaciones más antiguas (1888) en california dentro del condado del mismo nombre: orange county. famoso entre arquitectos por ser una especie de mini-ciudad o suburbio perfecto, tipo maqueta, donde parece que se regula hasta cuando, por dónde y con cuantos perros van a pasear los vecinos muy temprano por la mañana y justo después de cenar. el orden y las buenas maneras como fundamentos éticos de aquello que se quiere simplemente pasar de soslayo con la conciencia tranquila como lo ‘políticamente correcto’. todas las casas en orange –no muy grandes ni ostentosas, pero sí impecablemente arregladas– muestran al frente, como en concurso, sus ‘inventivos’ diseños de jardines en perfecto cuidado y mantenimiento. las calles, anchas, trazadas a precisión, con curvas perfectas para las banquetas, como amables subidas y bajadas para minusvalidos, patines y bicicletas, se ofrecen al paseante sin una sola pelusa de basura. concreto que no se mancha.

los parques, también perfectamente podados, son recreo equilibrado en sol y sombra para el uso y deleite de los vecinos más cercanos. nunca hay que caminar de más para encontrar un parque. no habría que dar razón. así que se adivinen desde los cruces de calles, varios parques pequeños salpicados a los cuatro costados de la ciudad –con toda seguridad, siguiendo a rigor el porcentaje óptimo de áreas verdes x habitante en metros cuadrados. las albercas públicas, también una por cada tantas manzanas, están limpísimas, y dejan asomar su promesa en días más cálidos de lo conveniente, entre rejas, tampoco muy altas. la vialidad es perfecta. sería extraño encontrar más de tres autos esperando un cambio de luz al semáforo o al intercambio de turnos en las esquinas. tampoco tendría sentido, según las normas básicas de urbanidad, generar embotellamientos.

así que la vida pase, en orange county, como ‘debe de pasar’. pues llega a ser tal la 'hospitalidad' del condado que las autoridades competentes han hecho colocar en los árboles que lo ameritan, letreros impresos en computadora en hoja carta blanca (por cierto adivina uno que estos letreros los colocan a diario o al menos los cambian cada vez que se arruga alguno con el aire o por el sol) en los que se advierte al transeunte –muy cortesmente– sobre aquellos árboles que, por la época, están goteando cera de sus cortezas. no vaya a ser que te caiga en el coche y manche la pintura –si es que has decidido estacionarte ahí. sería absurdo también, dar pie a una demanda legal por detalles ‘controlables’ como éste, entre los habitantes y el gobierno local.

nada se mueve en orange. ni uno siquiera. porque aunque vengas de fuera y a todas luces te reconozcan los naturales como declaradamente ajeno al escenario ‘normal’, la realidad es que los visitantes pasan desapercibidos. es sencillo, resultaría imposible llamar la atención demasiado en un lugar sin lugar para las sorpresas. y ahí empieza el dogville de van sant, lo ajeno se obvia hasta que desaparece, y si no desaparece, con toda seguridad se hará lo necesario. ésa es la hospitalidad gringa, la más inmóvil. porque mientras las cosas no cambien, o al menos, se mantengan en apariencia, todo estará bien. nadie te ve ‘de más’ en orange, no hay por qué, seguramente te vas a ir pronto si no eres de ahí. y todos saben quién es ‘de ahí’ y quién no. así que, como dije, no hay lugar a las sorpresas. por eso todo se mantiene inmóvil, porque lo que no pertenece a ese ordenado existir, pronto desaparecerá, sólo es cosa de agarrar la 905 sur. podemos acaso concluir que 'el otro lado’ te deja ser tan móvil como puedas, siempre y cuando no abuses de su ‘anclada’ hospitalidad, de sus zonas de pertenencia. para eso se te ofrece el suburbio. hasta en orange, donde, apenas cruzando un puente, pasando por debajo del freeway, casi todo se vuelve al español en letreros, tiendas y palabra de cambio. puro inmigrante. pero, una vez más, hasta en ello hay un orden, el viejo centro de orange y las cuadras concomitantes, son todas norteamericanas, al más puro estilo. al estilo truman show. y ahí nadie se mezcla, sólo se ofrecen a la venta sus antigüedades. porque hay que decir que en orange lo que más se ve en el centro es la tienda de muebles antiguos y ropa vintage, como para seguir reciclandose ellos sobre ellos mismos. viejos y nuevos habitantes se compran y se venden ad infinitum sobre las primeras seis décadas del siglo pasado. así se asegura que orange siga, lo más parecida a sí misma, siempre. en un siempre que ya casi no tiene tiempo entre tanta insistencia por querer permanecer. inmóvil, en la medida de lo posible.

y para alguien que viene de tijuana un pueblo así no puede servir más que de ignición para saber que vale más moverse en defensa propia y por decisión consciente, hasta de la baba de los árboles, si fuera necesario. pues resulta que, muy al contrario del condado de las naranjas, en tijuana cualquier cambio parece que indica progreso. moverse, en general, es visto como algo positivo. tijuana no es un lugar para estancarse. al menos, eso parece, porque parece que ‘nadie es de aquí’ y hasta los oriundos están de paso. a tijuana llegas o de tijuana te vas. y eso lo sabe todo mundo, por eso, curiosamente, como en orange, tampoco nadie te ve mucho ni cuando vienes ni cuando vas, porque se sabe o se intuye, que muy probablemente no vas a volver. pero a diferencia de orange, la hospitalidad aquí no es esa, inmóvil, la de la cara en rictus de sonrisa especular; aquí resulta que la hospitalidad es tan móvil como la ciudad y los instantes se aprovechan como sea, pues muy probablemente nunca se vuelva a ver así lo que se tiene enfrente una vez. ni la gente, ni las construcciones. amigable, indiferente u hostil, en tijuana se interactua siempre, por si acaso; algun beneficio debe de salir, y si no, tampoco había mucho que perder. los intercambios son rápidos. porque aquí nada se mantiene más allá del tiempo estrictamente necesario. en tijuana, de lo que no cambia se sospecha. y es que tan sólo con la noche o la lluvia o la neblina la ciudad se transforma. por eso que la gente aquí le saca a los visitantes ‘de tiempo’ o ‘de paso’ –y a la misma ciudad y su infraestructura– lo más que se puede. por eso que tijuana se mueva tanto, porque aquí todo se trata de aprovechar y el tiempo siempre apremia; finalmente de eso se tratan las ‘oportunidades’ que te pueden llevar a conseguirte algo más permanente, algo más inmóvil, aunque sea en los suburbios de un condado naranja del que nunca serás parte, pero donde puede que consigas una casita a las afueras que se parezca, en la medida de tus posibilidades, a las casitas de adentro, ahí nomás cruzando el freeway, donde las cosas no cambian, donde finalmente parece que la vida es ‘como debe de ser’.

por cierto, curioso pero no vimos ni un árbol de naranjas mientras estuvimos ahí... ¿será que la fruta distintiva del lugar también es de utileria?


marcela quiroz luna / df-tijuana / 1974

unos más, otros menos

la revista de arte contemporáneo parachute, fundada en 1974 ha anunciado recientemente su salida del mercado, su desaparición del flujo de discursos; su cancelación por falta de apoyo económico.

chantal pontbriand, director de parachute, crítico y curador franco-canadiense, expone la cada vez menor intención gubernamental de apoyar eéste y otros proyectos con intenciones críticas y teóricas sobre el devenir del arte contemproáneo en canadá, como la principal causa del sentido quiebre de la publicación. (en este punto, más de alguno empieza a paralelar la nueva y aterradora decisión calderonista de reducir —aun más— el presupuesto para la cultura en méxico, con la escena canadiense/primer mundo.)

vc cumple 7 años.

y mientras fox y sahagún se intentan pasear por el mundo dando estúpidas conferencias —en pareja— intentando cobrar hasta 500 dlls por entrada (justamente hoy se anuncia que debido al poquísimo quorum de su primer evento, han decidido bajar sus entradas a 95 dlls; cuando lo que debieran intentar sería retirarse —para siempre— de cualquier medio, escenario, pantalla o impreso)… mientras, mientras, vc cumple 7 años.

yo soy lectora de vc desde hace 7 años. fui lectora de parachute y escuché un sin fin de aberraciones en boca de nuestro exgobernante y su trepadora acompañante los pasados 6 años. ¿la moraleja?

no se necesita de un gran presupuesto, ni de grandes líderes, incluso, ni de grandes ideas, para seguir. eso es, a mi juicio, lo que ha hecho, nos ha hecho, lectores de este rectángulo doblado en 4. un proyecto sin mayores pretensiones que las de ser algo entre tanta nada. conjugación de necesidades, saberes, ignorancias, complejos, deseos, frustraciones, intenciones, sugerencias, quejas y desasosiegos. finalmente, eso, un proyecto en manos de alguien constante.

sea lo más difícil para una publicación hoy, la conformación de un lenguaje, no de un estilo, lejos de una moda; apenas un intento por decir en un mismo tono cosas muy diversas. hacerse de una identidad. ése ha sido el otro gran acierto —buscado o encontrado— de este espacio en letras. empecemos por agradecerle a sus fundadores, a los primeros colaboradores y columnistas—entre los que tengo el gusto de contarme; pero, especialmente a quienes han seguido en afanoso intento, apasionado del diseño complejo y siempre seductor, las opiniones entresacadas que a poco los han vuelto a varios, nuevos colaboradores. seguir lo punteado, subirse a un barco que se ve de lejos y nunca bien se conoce; apostarle a uno mismo en un proyecto ajeno y propio.

pues aunque eduardo dude, se avergüence y vuelva a dudar sobre la intormisión ‘pública’ de vc en los muchos foros de discusión sobre publicaciones de arte contemporáneo a los que ha dado pie su insistencia en la escena; lo cierto es que hace falta estar de un lado y del otro para escoger. vc ha seguido escogiendo ser lo que es. sabiendo sus límites, desconociendo su fortaleza, gravitando siempre en torno a sus debilidades; lo cierto es que estos ocho palmos tienen un público que de una u otra forma los agradece, y como favor con favor se paga, estoy segura de que seguiremos escribiendo hasta que el espiral se angoste y acabemos, acaso, —tan seguros— leyendo sólo nuestras propias palabras.


marcela quiroz luna / df / 1974

pájaros en la cabeza


monica dower (south hampton, inglaterra, 1966)
pájaros en la cabeza (2002) 3’22”



empieza como todas las historias que se hace una en la cabeza, un poco lento, no demasiado —nunca es demasiado lento. a veces, como ocurre, incluso parece precipitado el arranque de la cabeza de uno a otro lado mientras empiezan los aleteos sonoros, húmedos.

el video pájaros en la cabeza de monica dower no semeja un impasse hipnótico, a pesar de lo que se lee sobre la pieza. nada más lejos de la hipnosis; acaso más cerca de la histeria que empieza un poco lento, no demasiado —nunca son demasiado lentas las historias que se hace una en la cabeza. hasta que el rostro se mueve sobre su propia desaparición y la cabeza dice ‘no’ alimentada por el ruido armónico, aun al borde de la inquietud que sospecha de su propia sanidad, producido por las puntas del pelo mojado que choca contra una cortina plástica de círculos amarillos.

el cuerpo enfatiza su potencia desde la profundidad inerte que habita los párpados de la artista, desplazándose hacia la inercia autogenerada del medio giro, nunca más. moverse así es querer quebrarse el cuello en un descuido. sin embargo, las cervicales lo sostienen todo, hasta las historias que se hace una en la cabeza. por eso que no pueda dar la vuelta completa y se mantenga negando un rato más, hasta cansarse y parar. para unos segundos pero ya recontinúa el recuerdo inmediato del medio giro. es el sonido, es el grito. son los pájaros en la cabeza. no es ya el cuerpo lo que alimenta el movimiento la segunda, la quinta, la décima vez; es el sonido. si dejara de escucharse, el aleteo, la mujer caería muerta sobre la loseta. sería una muerte de puntas mojadas.

hay que decirlo; el tiempo se tuvo o se tiene. la cabeza lo sabe, por eso las historias. ésas, a pesar del cese al vuelo, se mantienen dentro, como aislantes de memoria dando su ruido sordo a quien quiera escuchar sus accidentes.

los pájaros de dower extienden el mundo líquido del que habla marguerite duras sobre los espacios de sus historias al invocar el revuelo que se agita en los bordes de la locura. como lol v. stein, monica, de pie, aparentemente estática del cuello hacia abajo, en el ruido que altera el paso de esos tres minutos, ‘sigue lo que se mueve, lo que parte’. entropía auditiva como medición termodinámica descorporeizada de la energía inutilizable de su sistema; cuando el cuerpo se detiene ante la imposibilidad de levantar, efectivamente, el vuelo y vuelve a mirar de frente con los ojos bien cerrados.


marcela quiroz luna / tijuana / 1974

cuban-born, american citizen

“las impurezas, el sol y los desvelos provocados por las fiestas generan líneas de expresión indeseables. si quieres algo para preparar en casa te recomendamos aloe vera, una planta tropical famosa porque ayuda a prevenir las arrugas prematuras.” recomiendan a una joven lectora las expertas de belleza y cuidado de la piel de una reconocida revista de moda.

la frase me deja perpleja —no por desconocer las propiedades del aloe vera, auxiliar también en tratamientos de quemaduras leves por bronceados intensos; sino por la contundencia de la afirmación que antecede al consejo casero. ¿cómo atreverse a asegurar sin miramientos que las líneas de expresión son por completo indeseables y que hay que prevenirlas o tratarlas hasta su desaparición? ¿es preciso, o tan sólo deseable, por no decir psicológicamente sano, borrar del rostro las líneas de expresión?

es fácil concluir para muchas lectoras la respuesta globalizada y comerciante: sí. yo sigo preguntándome por qué.

¿qué hay de la historia de nuestras expresiones que urge borrar? si resulta que ni siquiera cuando dormimos la piel se relaja, ni deja de repetir movimientos faciales y gestos recordados del día que intentamos descansar, ¿no nos dice algo esta insistencia de actividad perenne en nuestros músculos faciales? si el rostro, como el resto del cuerpo necesita de esas líneas de expresión generadas sobre la epidermis —y con el tiempo en profundidad sobre la dermis— para descargar las tensiones, preocupaciones, recuerdos, remordimientos, rescates y estrategias que con los años vamos sumando al equipaje personal, ¿es realmente necesario “detener el paso del tiempo” sobre el territorio identitario que conforma el rostro como unicidad acumulable por infinidad de huellas superpuestas?

sí, para muchos, definitivamente para todos en el medio publi-cosmetológico, porque la idea es no tener rastros. ofrecer al mundo un rostro sin historia. borrar las particularidades, las unicidades que en arrugas y líneas destinan lo andado como prueba, para estructurar en cambio una superficie lisa en la que los impulsos de liberación de los neurotransmisores (impulsos eléctricos) generados por los gestos, estén siempre contenidos, limitados, regulados y en control para eliminar y prevenir.

es así, en este mismo intento como uno entiende que la apuesta norteamericana para la bienal de venecia este verano sea el difunto félix gonzález-torres, cubano de nacimiento, nacionalizado americano. pues esa es la primera línea de presentación de la propuesta que justifica la decisión de presentar a gonzález-torres por parte de nancy spector, curadora del guggenheim de ny, en el pabellón de eu. “cuban-born, american citizen.” como si al primer impacto de tener que reconocer el origen de la bandera artística elegida para una de las principales bienales de arte en el mundo, funcionara la distancia entre una ‘coma’ y la siguiente aclaración, de la misma manera en que a uno le diagnostican el tratamiento cosmetológico imperioso ante la casi-trágica realidad, pero aun salvable con el debido recubrimiento. el mensaje es claro: eu es incluyente, aunque las redadas no paren y la reforma migratoria funcione ya en el imaginario como una especie de utopía de origen inaccesible. por eso será que hayan dado por fin el gran ‘reconocimiento’ a una de las mayorías inmigrantes del país en la figura de félix gonzález-torres (1957-1996); quien, desafortunadamente, ya no está vivo para recibir el homenaje.

pacificación póstuma. pues el ‘deceased cuban-born, american citizen’ es ya tan inofensivo y efectivo como las arrugas para el “efecto toxina botulínica”, lo último en tratamientos cosméticos para desparecer esas “indeseables líneas de expresión” sin que sea necesario optar por métodos radicales y dolorosos con riesgos de complicaciones post-operatorias.

es así que ya “no es necesario dejar de reir y gesticular para detener el paso del tiempo, se trata de atacar el problema de manera integral”; dirán los gringos, pues si somos ya tan plurales que elegimos por decisión propia mostrarnos al mundo tras la cara (sin arrugas) de un inmigrante, el mundo debería recompensarnos olvidando esas molestas —pero necesarias— gesticulaciones que de pronto o todo el tiempo, nos vemos obligados a hacer, aún sin quererlo… deben pensar los vecinos. gonzález-torres es el ‘aloe vera’ de la temporada cultural de eu para el mundo.

de ahí el peligro de borrarse las arrugas, pues puede uno muy fácilmente olvidarse de quién es y entre quienes está.


marcela quiroz luna / 1974 / tijuana

sobre la obra de arte en la época de su ‘reproductibilidad’ técnica

ahora que estoy releyendo a benjamin como parte de mi instensiva entrada al doctorado en teoría crítica del 17 instituto de estudios críticos, me he encontrado con el problema de la denuncia. ¿por qué, si sólo se trataría de ‘triturar el aura’? es difícil, por no decir penoso, pues de un tiempo para acá me he encontrado con dos ‘reproducciones’ bastante vergonzosas por descaradas en el terreno del arte contemporáneo local. y peor aun es decir que a ambos ‘toma-ideas’ los tengo en estima. ¿o los tenía? ¿es independiente la estima personal del respeto artístico? es difícil decirlo así, en blanco y negro, aunque claro, no he podido hablar con ninguno de los dos ‘artistas’ desde que he azarosamente encontrado los ‘originales’ de sus piezas en revistas de arte internacional firmadas por alguien más y con fecha anterior. ¿qué hacer? ¿de qué nos sirve la denuncia en una sociedad tan poco ética y ‘democrática’ como la actual?

mi verdadera duda no va por la denuncia realmente, pues no me interesa en este caso señalar nombres original-y-copia de las piezas que ambos artistas, tijuanos han hecho –curiosamente– de ambos artistas canadienses. (al menos no ahora…) lo que me interesa en cambio es hablar algo de la permisibilidad de este tipo de situaciones que permea la escena de arte contemporáneo globalizado. pues sin duda, no puedo ser la única que ha reparado en los ‘asombrosos parecidos’ de las piezas de unos y otros; es decir, he visto imágenes de las piezas ‘originales’ en revistas de masiva reproducción y venta que –cualquier interesado en ver lo que no ha podido sin viajar– encuentra sobre un estante más o menos especializado. entonces… ¿por qué nadie dice nada? ¿por qué nos tragamos todos la ‘pildorita’ de la originalidad fronteriza? la respuesta al caso específico es sencilla. porque tijuana está de moda y vende. moda que desde insite, nortec y arco va de bajada –espero– cerrando hoy con babel en los óscares (con o sin estatuilla, da igual, pues lo importante es que ‘los mexicanos ya estamos en la alfombra roja’ ¿qué no?).

hace sesenta años walter benjamin denunciaba inclemente los efectos de la reproductibilidad sobre la imagen artística; de la destrucción del aura del actor teatral frente al actor cinematográfico; de la carencia de caracter ‘cultual’ de la fotografía después del daguerrotipo; sin embargo, apuntaba a la reproductibilidad como vía de politización de la obra –frente a la estetización de la política enarbolada por el fascismo. y si pensamos en los plagios de estrategia y obra de estos dos artistas locales, como ‘reproductibilidad politizada’; algo así como ‘el tercer mundo se burla del primero haciéndose fama con sus propias estrategias… ¿que no tendríamos que encontrar en la ‘piezas-bis’, al menos un ‘comentario’ sobre el propio hecho del plagio descarado e incastigado (¿por inadvertido?) como burla al sistema artístico contemporáneo en el que lo exótico sigue vendiendo por esencia frente al artista hoy como ‘ciudadano del mundo’, cosmopolita, exportable, museable y explotable en todos contextos, ferias y bienales? ¿o será que las burlas al aparato artístico terminaron con duchamp? ¿será que hoy la ‘reproductibilidad técinca’ ha avanzado a un nuevo estadío, el cibernético integral? si es así, hay que ponerse a investigar más en red y en impresos señores críticos y curadores, para al menos estar conscientes de que lo que se está exportando como nuevas genialidades territoriales, están mucho más expandidas e interconectadas que ustedes con la historia reciente de su disciplina, sus procesos y posibilidades reales de interconexión. pues es claro que estos dos artistas están entendiendo más sobre el contexto de su plataforma fronteriza que quienes tan afanosamente los han venido promoviendo en la última década.


marcela quiroz luna / tj / 1974

¿cómo se hará uno escritor? o relato sobre el buen ejemplo

hace algunas semanas leí una noticia que me llenó de envidia, sí, aunque esté mal declarar sentimiento tan vergonzoso así abiertamente; más cuando la envidia la causa un ser que nos es completamente extraño, pues, muy probablemente la envidia que nos carcome a distancia es infundada. a pesar de lo anterior y mis reservas, la historia es la de un español, más o menos joven, que quería escribir, y supongo, como muchos de los que intentamos estar en eso, no tenía manera ni forma de hacerse publicar en papel. así que decidió arrancar un blog y promocionarlo en otros de los más leídos en españa. en éste, su blog, iría escribiendo el solo.

empezó, supongo, con un par de lectores… –y la historia es corta– terminó siendo uno de los blogs más visitados en todo el país. ¿qué fue lo que hizo? simple y brillante, empezó a escribir su novela por entregas. (ignoramos si tenía ya la novela escrita sin quien la publicara y sólo la fue subdividiendo en entregas electrónicas, o si literalmente la fue haciendo en entregas. si esto cambia en algo para ti también la sinceridad del proceso. –una vez más, pura envidia–)

la historia completa del éxito facil, ahora publicada en un diario internacional, explica que en no muchos meses su audiencia creció a tal grado y su novela racionada tuvo tanto éxito que una editorial de renombre ofreció publicarla en papel. cuando leí la nota estaba a unos días de lanzarse a las principales librerías españolas; claro, con miras próximas a la venta internacional. (yo si la veo, no la voy a comprar; la envidia me lo impediría, por supuesto.)

y así, sin necesidad de pedir innumerables becas, tocar puertas y atosigar conocidos con sano juicio y mejor gusto sobre la calidad del material que viene uno acumulando con la idea de que en el proceso –sin duda– se está forjando como escritor; y que es cosa de tiempo solamente en que el asunto llegue a la portada avalada, que este españolito bastante joven (creo que unos 5 años mayor que yo) logró hacer leer su novela por los lectors adecuados y muchos muchos otros, hasta conseguir su publicación y con ello, el anhelado designio de ser reconocido ‘escritor’.

unas semanas antes de envidiar esta realto biográfico del otro, había yo empezado un blog, chiquito y absolutamente personal, donde vengo tratando desde entonces los asuntos que, sobre la memoria, explican mis olvidos. hace unos días que empecé a transformar eso en mi segunda novela (la primera no ha salido a la luz pues no ha encontrado cierre, ni creo que lo encuentre en esta etapa, será después… ya que logre publicar este bolg.) de tal forma ha sido que llevo saboreando el ansia golosa de la espera, de la pasión por entregas; el exquisito sabor de la dilación… ‘la novela por entregas’ ¡ah, que maravilla de formato decimonónico en el más puro deleite romántico! es la entrega en pausas, es la necesidad conformada, es la reafirmante compensación al tiempo y la paciencia obligada. es hacer que tu público espere, y en la espera se deleite con el qué pasará… de tal manera que en este arrebatado e íntimo proceso en el que me encuentro (íntimo pues no he hecho público mi blog salvo a dos o tres personas que, creo, lo leen poco) pero volviendo, en este proceso delicioso que estoy experimentando, encuentro que el gran logro del español no fue publicar al final y de golpe todo ese trabajo de semanas y meses para entrar a las cotizadas filas de los autores publicados; no. su gran aportación a la lectura contemporánea fue rescatar la novela por entregas y al hacerlo, vencer la volatilidad de su propio medio. la red y su inmediatez dejó de ser, en el transcurso de su propio proceso creativo y del armado narrativo de sus lectores, un mero encuentro sin restricciones; voracidad mal habida como lo es. obscena, como es. el españolito con su novela por entregas, venció la inmaterial temporalidad del medio electrónico en pausas con letras. letras que volvieron a tomar su peso ‘real’ (por considerar así su peso en papel, confieso sin vergüenza conservadora) en una pantalla, por el poder del tiempo que espera quien espera por tus ideas.

el españolito triunfó. y no. no debía de haber publicado. pues es muy probable que el éxito de su novela, la primeria, fuera –sobretodo– el control autoral sobre su temporalidad; el deseo puesto en marcha. pues una vez que se le entrega a uno en papel y todo de golpe, la cosa cambia, se pierde el control; y no porque el otro –en este caso el lector– gane el control que uno pierde como autor; no, el control del tiempo de entrega y seducción se pierde porque ya no importa. ya no es un acto entre pares de seducción entregada y a merced, leer la novela del españolito en papel; es una decisión unilateral por conveniencia, caprichos y horario, nada más.

¿y yo? yo quiero aun la incertidumbre de las entregas. generar necesidad.

yo sigo escribiendo, queriendo ser escritora, queriendo que algun día, me lean así, más de dos o tres, con esa ansia por encontrar una nueva entrada en mi blog. en mi ‘privadísimo’ blog. donde lo privado no responde a otra cosa que al miedo profundo. miedo a no vencer lo intrascendente de los millones que escriben sus ideas fantasiosas en un blog esquemáticamente personalizado que pocos leen y muy por encima cuando les sobran algunos minutos, nunca esperando el tiempo.

es sencillo, yo, como al principio el españolito, quiero hacer esperar al tiempo.


marcela quiroz / tijuana / 1974

¿bordar qué?

hay un aro para bordar. los hay de distintos diámetros, dependiendo de las pretensiones, entiendo, de quien se enfrenta a la aguja que entra y sale y entra y sale y vuelve a entrar. siempre vuelve a entrar. pero el aro. son de madera ligera, creo que le llaman madera balsa, por aquello de lo embarcable, de lo que se puede ir facil con el viento y con el agua, de lo que no tiene raíces ni piernas que lo aten al suelo. es la madera esta que no pesa, de color claro claro, como la de los palos de paleta. debe ser madera barata. los aros para bordar no cuestan mucho; y eso que no son nada más de madera. también tienen un mecanismo metálico con un alambre en espiral que soporta, sin duda, la presión que ejerce desde el centro y sobre todo el borde, la tela atrapada, tendida, tensada. para que no reviente la madera.

a pesar de ese pequeño andamiaje funcional, sencillo pero complejo en su bipolaridad, que tienen estos aros sobre el canto exterior, marcando con obligación la mitad del aro, a pesar de eso, no son caros. yo tengo uno apenas, chico, no pasa de los 10 cms. y, confieso, me aterra usarlo. es por lo de la imposibilidad. es por eso que te obliga a constreñirte a un solo pedazo de la tela y no salir de ahí, por horas… es pensar que me quedo. que me quedo así. por eso no lo uso. nomás no me atrevo a ponerlo en un circulito escogido del bordado. y es que ahora bordo.

bordo para pasar las horas. las horas de antes y las de después. las horas de las espalda.

pero el aro. es asunto suyo detenerte, volver a fijarte, volver a hilar y encontrar una y otra vez la imperfección de la puntada anterior, la posibiidad siempre incansable de mejorar el punto, de afinar el contorno. el aro es eso. tiempo detenido a fuerza de paciencia y ganas o neurosis por hacerlo mejor; de hacerlo con mucho cuidado. por eso no puedo. yo no bordo con mucho cuidado. al contrario, yo bordo en una especie de ansia, de frenesí por escapar, por hacer algo, por no hacer nada de nuevo y mil veces. nada. bordo para acelerar el instante, de acelerarse. bordo para tener las manos ocupadas, en habil empresa; como elegidas para mejor futuro y compromiso presente. bordo porque en cada puntada siento que avanzo un poquito, yo sola, y me alejo, un poquito, yo sola, de esto que me tiene dentro del aro. parada en medio, justo en medio, con las aguas calmas y la mirada limpia, viendo en redondo el mar. ya pasó la tormenta. solo el mar. el mar reposado, casi vencido. pero cuidado. el mar nunca se vence. sólo se cansa. y descansa. y vuelve a empezar. el mar nunca se queda dentro del aro. eso lo sé porque lo he visto y por eso me apuro. me apuro en el bordado y avanzo sobre las figuras inventadas para terminarlas, para terminarme en ellas, para tener algo que enseñar. bordar es hacer el intento visible. el intento en pasos y mostrar los pasos en cada puntada. bordar es querer tener consistencia, ritmo, tiempo interno y propio, autodirigido. disciplina. es hilar las propias ganas cuando el cuerpo siente todo el tiempo que, o se le escapan, o se mueren, secas, deshilvanadas, con las orillas hacia fuera, en recogimiento, en descomposición. arruga.

pueda ser que borde también porque tengo ahora estas puntadas en la espalda. pueda ser que lo que quiero es entender cómo es esa costura que no veo pues yo no la hice. y sí.

tengo la espalda bordada por alguien más. tengo las costuras de otro, tengo el tiempo de otro cosido en la espalda. tengo sus preocupaciones, su triunfo, su insistencia, su rechazo al fracaso. tengo en la espalda cosidos los puntos en carrera de alguien más. por eso bordo. y mientras lo hago siento esta profunda inquietud que me sale de adentro y mueve los dedos, uno, luego otro, en el sube y baja, en la penetración desalmada, en la extracción sádica, gozosa por haber transgredido, por cambiar el orden, por destruir la apariencia plana. es esa inquietud por destruir algo que se tiene enfrente, en apacible estado de contensión, para hacer otra cosa, lo que sea, que violente, aun en el mismo tono, aun cuando bordo velado. aun cuando lo hago en blanco sobre blanco con esa recurrencia que de sospecha no se atreve. aun entonces, lo que quieren las puntadas es no quedarse quietas. perforar. dibujar lo posible en la estática del presente. cambiar la estética del presente desde la ocupación propia. ya no escribo. estos días ya no escribo. ahora bordo.

tienen algo de silente reclamo las puntadas. calladas y engarzadas, una con otra con otra con otra con otra. visibles. bordar es hacer visible la angustia. pues resulta que siempre, por aterrador que resulte, lo visible tiene esa satisfacción única del develamiento, de la confesión descarnada en su hipocresía.

bordar es no decir nada y hacerlo de nuevo de nuevo y vuelta otra vez. tan irresisitible se vuelve. tan eficaz.

despuntar lo sensible. encontrarle sus fallas al ritmo. al latido. al desvelo. se trata de eso la insistencia de la aguja y los dedos. se trata de eso que no puede decirse ya ni con el lenguaje. menos con el lenguaje. apenas con el lenguaje. por eso hay que regalar lo que uno borda, porque está lleno de confesiones. sobretodo esas que tienen que ver con la inconformidad ante lo inmóvil. dicen que me operé para poder volver a moverme como antes. para ser ‘la de antes’, para tener fija la espalda y ya no fijarme. por eso bordo, para no fijarme. qué tal que ya no vuelvo a ser ‘la de antes’…

también lo hago para no sentir el dolor, y en vez de eso, de sentirlo, verlo. hacerlo enfrente, recuperar el gesto, entender lo que tengo en la espalda. destinar el cuidado. destinar. bordo en cada puntada la historia de mi espalda. es una historia larga, monótona incluso, es una historia parecida. sucedida en su apariencia, sólo en su contorno. pues hay algunos dolores de espalda, de nervios, de vértebras, de piernas y dedos; hay algunos dolores que no se ven, y se resisten también a las puntadas. por eso entiendo que me siga doliendo la operación y la historia. por eso que quiera dejar de decir. de explicar, de recordar cómo se dice lo que se siente dentro y que nadie ve. por eso mejor el delineado, la sutura, la cicatriz sensible en el recorrido del que admira; sobre los dedos, calladita pero constante. para seguir con los dedos… para que se diga a sí misma la historia desde los dedos. para que no tenga que contarla y en lugar de eso los dedos de otros despierten desde los puntos, sobre los hilos, hacia los extremos. para aprender a llevar las debilidades escritas sobre la piel, y hacerlo, con un mínimo de sustancia estética. me bordo. para aprender a resconstruir una historia desde los nudos.

eso para ellos. ¿pero yo? yo bordo para saber. para saber cómo se cierra la piel.


marcela quiroz luna / df / 1974

la vida en sus contornos

en uganda, las madres ceropositivas son instadas por organismos no gubernamentales para aprender a escribir y entonces hacer los que llaman, ‘libros de vida’. en ellos, y en el tiempo que les quede de vida, las mujeres enfermas escriben a sus hijos todo aquello que quisieran poder decirles en tiempo. tiempo que saben, al escribir, que no tendrán asegurado más allá de ese en el que escriben. el presente de la escritura. entonces, y con la distancia geográfica y temporal que me aparta de esas realidades y me permite el lujo de ‘pensar’ sobre ellas, me acuerdo de un desvelo hermenéutico que dice que la escritura, toda escritura en narrativa, es capaz de generar ‘horizontes de expectativa’ en el lector. ahora es que me ha hecho verdadero sentido tal designación.

pues resulta que los ‘libros de vida’ de estas mujeres condenadas a la muerte cercana y advertida, es precisamente lo que intentan ser para los hijos que dejan huérfanos: horizontes en los que siga habiendo expectativa, aun después de la muerte, después de la orfandad; después de la pérdida del contacto cercano. dicen que en esos libros escriben las mujeres algo de su historia personal, para que las conozcan, para que no las olviden; dicen que hablan también de momentos atesorados, actividades compartidas, hábitos, costumbres y tradiciones de la familia que está por desmembrarse; sé que también, especialmente, se piensan en consejos, como hacen las madres por cuidarlo a uno, por salvarle dolores, ahorrarle angustias; y siempre, he leído, estas madres agregan algunas fotografías. la mayoría de las imágenes retratan a la familia completa en sus espacios familiares entre poses asumidas para durar más que la propia presencia; para resistir la imposibilidad de convivencia. no es comun encontrar fotos de las mujeres solas; así que podamos entrever que lo que se preocupan en retratar son los lazos y no su individualidad en inminente desaparición. como si adivinaran de fondo las imposibilidades por esencia del medio fotográfico.

retratar relaciones. y es que hay que estar ciertos de que los lazos se mantendrán, aun sobre uno; sin uno. como la ciudad de calvino, esa que él llamaba ersilia, donde los habitantes tendían lazos de parentezco y relación en colores, de casa a casa, uniendo en la evidencia las historias individuales en la conformación de un entramado social común. y cuando pasaba el tiempo y los hilos ya eran tantos que hacían intrasitables los caminos, los habitantes de ersilia se mudaban a otro espacio, cercano y despejado, desde donde empezar de nuevo, retrazando vínculos, articulando un nuevo presente. dice calvino que con el tiempo, la región de la errante ersilia se veía desde lejos como pequeños cúmulos de hilvanados desiguales, complejos y caprichosos sobre construcciones ya vacías. quedando sobre el territorio los lazos, no las personas; las huellas entre las personas.

palabras. imágenes. ¿de eso se conformará un libro de vida?

la respuesta es trágica en su contundencia. no.

anticipo que estos libros son apenas intentos en visibilidad por no irse en blanco, por dejarle trampas al olvido. pues muchas de esas madres que mueren diariamente en el continente africano, dejan atrás niños menores de los 8 años; mentes en cuyas memorias apenas empiezan a conformarse los primeros recuerdos como estructuras capaces de soportar todo el peso venidero de la propia historia. memorias en ciernes necesitadas del soporte de la experiencia recurrente antes de tener que volverla recuerdo. memorias necesitadas de ser en sus propios momentos, antes de poder hilvanar entre los huecos, los momentos de la madre.

así que, me pregunto, si sucede como dicen los de las ong’s sobre estos libros, que ayudan sobretodo a las madres en el proceso de enfrentamiento y aceptación de la propia enfermedad que les conducirá con paso certero a la muerte. de ser así, como creo debe ser, estos ‘libros de vida’ viven su primer momento en el destierro, alimentados en la batalla final de una sustancia interna que hace por no perderse. la búsqueda del propio horizonte, ya sin expectativas. pues antes de trazar un horizonte ajeno, la búsqueda de límites definible empieza siempre en el propio entorno.

quizá sea que en el momento mismo de la escritura en el que se cree haber alcanzado el horizonte, o al menos su silueta, en ese momento en el que el estar-siendo confirma su propia concresión, es que las expectativas de uno –esas que el ser no alcanzó en el actuar del tiempo continuo– se proyectan con la promesa de mantenerse entre las frases, sobre las mismas ideas, como mantos. de ser así como sucede, pasaría lo de marguerite duras, cuando muy pronto en la vida se tiene ya la conciencia de que es demasiado tarde, y en ese momento se empieza a escribir. para proyectar.

y es seguro, o al menos me queda claro que, lo que de esas madres muertas quede en sus hijos capturado en forma de ‘libro de vida’, no va a ser lo escrito con tanto afán, ni la insistente contundencia de la imagen fotográfica rescatada, no; va a ser, en cambio, el momento-en-su-pasar. el rato de la escritura, el empeño en la letra clara y la palabra bien escrita lo que inunde un cuarto al abrir la tapa. será el tiempo pegado detrás de la imagen en el armado del libro; el paso de la página en su esfuerzo y la continuidad de las intenciones, y no en realidad, las letras que la llenan. será el tiempo de las letras, el tiempo entre letras, la ilusión del horizonte, la fe en la expectativa. es no estar muriendo y a la vez, como descubriera humilde villaurrutia, lo que quede en esos libros de invaluable sea ese triunfo tendido del ‘…estar muriendo en tu presencia’.


presencia reflejada y en su enfrenatmiento vencida: escribo porque me muero y mientras escriba, no.

pues resulta imposible saber qué es lo que se puede dejar y qué se va a perder en el olvido apenas uno desparezca, será que al menos quede el intento por trazar los contornos de la propia huella.


marcela quiroz luna / tj / 1974

¿cultura o economía?

“inglewood, california — la directora de una escuela, en un intento por evitar la deserción de alumnos durante las recientes marchas de inmigrantes, ordenó inadvertidamente un cierre de la escuela tan estricto que los niños no podían ir al baño y tuvieron que usar baldes de agua.

angie márquez, directora de la escuela primaria worthington, impuso las medidas el 27 de marzo mientras casi 40 mil alumnos a través del sur de california abandonaban las clases para asistir a actos en defensa de los inmigrantes ilegales.

según trascendió, márquez habría malinterpretado el manual de normas para el distrito escolar y ordenó una clausura total de actividades como la diseñada en caso de un ataque nuclear.”


a veces uno se pone a pensar cómo es que se ‘entienden’ los discursos cuando salen de contexto. normalmente, como en el caso de la profesora de la primaria worthington, se malentienden. a veces más, a veces menos. y es que a pesar de que uno crea que lo ‘glocal’ como condición de existencia inbrincada (siguiendo la fusión terminológica-territorial del escritor tijuanense, heriberto yépez), tiene posibilidades reales de entablar diálogos plurilingües, internacionales, interraciales, etc… no necesariamente asegura que el anzuelo que uno lanza cuando escribe caiga en aguas fértiles; como tampoco tranquiliza la sospecha de que esté uno, precisamente, mordiendo la carnada sin ver el anzuelo; o peor aun, creyendo que pesca cuando en realidad está siendo ‘pescado’.


tim brown, director de operaciones del distrito escolar, confirmó que algunos estudiantes se vieron obligados a hacer sus necesidades en baldes, pero consideró la orden de la directora “un error involuntario”. brown explicó al diario los angeles times que “cuando existe un ataque nuclear, se usan baldes” en lugar del baño. la directora “siguió el procedimiento” aconsejado. “ella tomó la decisión de seguir el manual. lo que ocurrió es que lo malinterpretó”.


ciertamente resulta en extremo preocupante tratar de entender cómo puede ser posible que la directora de una escuela primaria en eu pueda confundir una marcha civil no violenta con un ataque nuclear. aunque quizá, volviendo a lo del anzuelo, a juicio de esta ‘docente de la educación’, la amenaza del inmigrante indocumentado represente una amenaza similar para su país como pudiera serlo un ataque nuclear; de tal forma que cada uno de esos migrantes congregados representa simbólicamente, en potencia, el mismo peligro que una acumulación similar en cantidad de átomos altamente radiactivos. y es que esto debe andar en el aire dispuesto a explotar a la menor provocación en el país donde la política del terror es tanto imperante como imperativa desde que bush lanzó su lucha sin cuartel contra el terrorismo. de hecho, en varias de las marchas que se han venido sucediendo en distintas ciudades norteamericanas en meses pasados, precisamente, una de las consignas que levantan las voces es: “somos inmigrantes, no terroristas!”.


what is to be done?



nativo lópez, presidente de la asociación política mexicoamericana, como líder del boicot del 1 de mayo, advierte el paro de labores y de consumo de productos norteamericanos, como una especie de anticipo a sus gobernantes y sociedad de lo que sería el país vecino sin inmigrantes. curioso que haya que recordárselo a una sociedad alimentada y sustentada históricamente por una continuada mezcla interracial.

y sí, muy probablemente la única manera de hacer evidente y obligado el reconomiento a la fuerza cultural inmigrante –no sólo la fuerza obrera– sea afectando al economía. no olvidemos que la economía norteamericana en esta –repetida– administración va de la mano de la ‘amenaza terrorista’ y su motor bélico. que tal vez si resultemos, también, terroristas.

habrá que ver qué dice el senado para saber dónde quedan parados los proyectos culturales ‘binacionales’ que puedan plantearse a futuro. pues, curiosamente, el último ‘gran’ proyecto binacional méxico_eu que concluyó apenas hace unos meses, insite_05, plagado de irregularidades migratorias en su personal, de haberse llevado a cabo en estas fechas, probablemente hubiera sucumbido antes de tiempo por las redadas que empiezan ya a ‘castigar’ a las empresas de trabajadores inmigrantes en tierras norteamericanas que, en los últimos 2 días suman ya un total de detenidos cercano a los 1, 200 trabajadores ‘ilegales’. indocumentados que ahora enfrentan una fianza de 250, 000 dólares o la amenaza de pasar hasta 10 años en prisión, a pesar de que son esas mismas empresas ahora penalizadas, las que antes pagaban, como parte de sus costos operativos, multas designadas por contratación de ilegales; proveyéndoles, incluso, de papeles falsos a cambio de trabajo mal pagado.


algunos de los alumnos participantes en estas marchas de inmigrantes han sido suspendidos por faltar a clases. el estudiante anthony soltero se suicidó el 30 de marzo luego de ser convocado a la oficina del subdirector de su escuela, deanza, en california, por supuestamente asistir a una protesta contra los proyectos de ley que prevén endurecer la política de inmigración.


veamos entonces qué sucede después del 1 de mayo, ya luego hablamos de cultura y educación.


marcela quiroz luna / tijuana / 1974