17 de octubre de 2010

PATRONES RESIDUALES| Sebastián Beltrán

Antes de los tiempos modernos el devenir cotidiano de las sociedades solía fundarse sobre ciclos y temporadas. Estaciones que iban conformando al hombre entre prácticas, hábitos y aquello que después la psicología gustaría en llamar ‘patrones de conducta’. El mundo se entendía —como en los “Libros de horas” medievales— a partir de un ordenamiento conocido y confiable sobre el cual se debían regir las actividades interiores en consonancia con el fluir del tiempo exterior.

Remontar el tiempo previsible marcado al ritmo de la naturaleza destinaba al actuar individual y a los sucesos comunitarios una cierta certeza en la confluencia y propiedad de su existir. ¿Cuándo se perdió tal sincronía? ¿Cuándo fue que olvidamos nuestra intención por confluir?

Rotación de cultivo. metal, madera y esmalte anticorrosivo. 39 x 75 1/4". 2010.

Algunos señalan la fractura en desapego al tiempo de la naturaleza sobre la constitución de las grandes urbes del siglo XIX. Lo cierto es que lo que sucedería entonces habría de señalar un cambio en la huella hacedora del mundo. El ritmo estacional no regiría ya el humor comunitario de las temporadas sino el horario productivo individual; el tiempo maquinal desembocaría en el conteo de horas laborables. La duración de las ciudades sería dictada por los horarios de producción de las fábricas; radicando en ello el principal ‘desfase-natural’ devenido de la revolución industrial.

Los patrones residuales de Sebastián Beltrán comportan los efectos contemporáneos de los ciclos utilitarios post-industriales que rigen —desde la anulación— la conciencia del tiempo presente. Obras como Rotación de cultivo y Restart (ambas 2010) sitúan, en una aparente ludicidad, la incongruencia imperante en los constructos que suponen sostener aún actividades humanas tan básicas como fundamentales: el juego y la cosecha. El tiempo rotatorio cuya objetualidad importa y que debiera verse germinar como materialización de sustento y esparcimiento se ve reducido a un ciclo devastador e infértil; constancias casi-sarcásticas que, sin embargo, confiesan una suerte de sentido edificador ultrajado de la tragedia.


Restart. madera ensamblada, rieles y llantas para patineta. 3 3/4 x 24 x 9". 2010

Enunciando la insistencia improductiva tanto como la cualidad destructora de muchas de las actividades que hoy pretenden construir el cuerpo urbano, las piezas de Beltrán atienden en su individualidad industrializable al destiempo ciclado de nuestra cotidianeidad. Tree Sound y Cíclica (ambas 2010) refieren desde sus propias particularidades motoras a este fenómeno de deserción auto-sustentable. La atractiva estética que destina su apariencia no hace sino subrayar el encantamiento enajenante que funde la existencia contemporánea entre sus infinitos objetos de deseo. Herramientas de zonificación del decir de nuestras propias necesidades fabricadas.

La replicabilidad desenfrenada, el autoconsumo, la desertificación y la explotación residual son algunos de los patrones socio-urbanos que el trabajo de Beltrán señala con eficiencia. La Prótesis (2009) cuya figura cancela de lleno la ‘naturalidad’ con que habría de envolverse un tal artificio denosta la viabilidad de su propia materia como si queriendo enunciar inclemente su estado añadido, alterado y ciertamente ‘inútil’.
Tree sound. metal, MDF, aspas y motor. 28 1/2 x 25 x 5 1/4". 2010.

En la muestra PATRONES RESIDUALES de Sebastián Beltrán, objetos, intervenciones, instalaciones y animaciones en video se apropian de la factura y acabado industrial reproduciendo críticamente la austeridad de una estética que confiesa un mirar esquinado. Patrones micro-espaciales sobre lo habitable; saturaciones infértiles; prótesis ecológicas; desbordamientos utilitarios. El tendido estetizado de nuestras incongruencias consecuenta en la obra de Beltrán el ejercicio quizá aún reconciliador del arte y la vida. Y a pesar de su tímida confesión ilusionada, sobre el muro los Patrones residuales (2010) — enjambre metálico en impecable patrón y simetría— condicionan uno de los valores más puros de la tradición histórica en cuyo nombre parecería querer hablar. Rendida la unicidad, se juega la singularidad en solitario.

Espaciando el tiempo y presencia de su condición, En espera (2010) parecería querer confirmar el sentido posible y ordinario de una cierta esperanza. Una piedra abierta cuyo centro en emisión convierte en metáfora radical la propuesta que soporta el esqueleto de la exposición. En medio de la sala, una palabra apuntalada de la que ya casi no se habla… FE (2010). Desfase simbólico, la cualidad ‘iluminadora’ de la pieza intenta soportar su carga significante como queriendo reinstalarse en ese espacio vaciado de sentido que comporta la productiva neurosis contemporánea. Obras cargadas de juegos semánticos sobre la enajenación de los recursos espirituales y materiales en los que todavía buscamos asidero.

Fe. metal, acrílico, madera y lámparas. 82 1/2 x 130 x 110" aprox. 2010.

Imágenes: Cortesía del artista.


Ensayo curatorial para la exposición PATRONES RESIDUALES | Sebastián Beltrán por inaugurarse el 18 de novimebre 2010 en el Centro Cultural Tijuana. Tijuana, BC.

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